lunes, agosto 21, 2006

George Clooney, bodas, hipotecas e hipertensión

El domingo por la noche toca charla con Samuel (personaje al que me referiré desde aquí en más de una ocasión) y C. La conversación en cuestión tiene lugar en el banco del barrio. Son reflexiones cálidas, fluidas y metafóricas, nada que ver con lo que se suele oír por aquí, que por lo general suele ser reggaeton y el ruido de las motos, lo cual impide cualquier tipo de comunicación verbal. Empezamos tocando el tema del cine, una de nuestras grandes obsesiones, y Samuel me obsequia con algunas primicias, tales como que George Clooney será —si no lo es ya— el nuevo Harrison Ford o que la pareja formada por el tal Clooney y Brad Pitt recuerda bastante a aquella otra de Newman-Redford.
—Por este motivo —explica Samuel— seguro que a estas alturas a algún listillo de Hollywood se le habrá ocurrido la genial idea (si no lo ha hecho ya) de hacer un "remake" de Dos hombres y un destino o El golpe con Clooney y Pitt.
Conclusión: el problema de los "remakes", por muy absurdos que sean, es que la gente, que cada vez tiene menos conciencia del pasado, termina engullendo la nueva versión y pasa olímpicamente de la antigua. Si esto sigue así, probablemente llegue un momento en que la audiencia recuerde más el Psicosis de Gust Van Sant que el de Hitchcock.
En lo que respecta a mí, le vuelvo a insistir a Samuel en que Paul Giamatti (que pronto estrena en España la nueva de Shyamalan, La joven del agua) es el nuevo Richard Dreyfuss, aquel hombrecito tan entrañable y que las drogas han convertido en un desecho interpretativo.
***
Cuando llega C. abandonamos el cine y la conversación toma un rumbo nuevo: el de la hipertensión que sufren la mayoría de nuestros amigos, aunque en realidad éste no sea el único síntoma, pues también padecen una alopecia descomunal y unas ansiedades impropias para la gente joven. Empezamos a tirar del hilo y pronto sale a la luz un dato relevante: que toda la gente de la que venimos hablando coincide en que se ha casado recientemente, lo que a su vez implica que se ha metido en el feo asunto de pagar una hipoteca monstruosa, coches, pequeños lujos, etcétera. Y lo siguiente, claro, será tener hijos. Samuel no lo duda ni un momento:
—Esta chorrada de las bodas es continuar con la misma moda competitiva de cuando éramos pequeños y queríamos algo que el otro tenía. "¿Qué se casa uno?: ¡pues yo también, hala!". Y en cuanto a los hijos, la gente quiere tenerlos por el mero hecho de tenerlos, no hay que darle más vueltas. Se les ha concienciado que el orden del mundo pasa por ahí y de que al obrar de otra manera dejan de ser personas. Gilipolleces. Y encima convierten a uno en un bicho raro si no pasa por el mismo aro que ellos.
Al parecer, desde la perspectiva en que la gente lo enfoca, la estabilidad de la pareja pasa por la estabilidad económica, nada más; una forma un poco chapucera para poner fin a la relación en casa de los padres y ser independiente. En cualquier caso, los tres (Samuel, C. y yo mismo), pensamos que esta imposible situación de las hipotecas deberá estallar tarde o temprano, por la sencilla razón de que ya no se resiste sobre el papel; pero, como siempre, habrá que esperar a que suceda lo peor para que la gente reaccione. Y es que la casa ha pasado de ser un elemento más de la vida a convertirse en lo prioritario, de manera que basamos toda nuestra existencia en eso y nada más. Desolador panorama.
Mientras la gente habla, pienso en los compañeros de trabajo: gente acomodada y de buenas familias de la geografía sureña que nunca toca estos temas.

4 Comments:

At 24/8/06 18:42, Anonymous Jonay said...

Lo curioso es que los chicos del registro y los del barrio tienen las mismas aspiraciones, aunque invierten menos sudor en conseguirlas.
Sigue con esto, te leo y me gusta.

 
At 25/8/06 13:33, Blogger Samuel_Brian said...

Abierto igual que ZP?
Rojo! masón! rompespañas! jejeje
Me ha conmovido la referencia que me has hecho.
Me gusta el blog, le veo un futuro interesante.
Y sobre el tema en cuestión ya sabes: cásate, hipotécate y aliénate. Prohibido pensar, no sea que descubras que la Tierra es redonda.

 
At 25/8/06 15:05, Blogger A|icia said...

Vengo por aquí recomendada por otro lector :)

Quiero opinar sobre la siguiente frase:

"Y en cuanto a los hijos, la gente quiere tenerlos por el mero hecho de tenerlos, no hay que darle más vueltas"

¿Cómo puedes ser tan tajante con una cuestión tan delicada, cómo puedes generalizar así sin ningún cuidado? Hay muchísimos motivos por los cuales la gente tiene hijos, buenos o malos, pero muchísimos! ¿Alguna vez has querido tener hijos? Has sentido la necesidad de tenerlos, de crear vida? Hay gente para todo, está claro, pero tener un hijo no es un trámite burocrático más, es crear vida ¿sabes? ¡Crear vida! Y no toda la gente que tiene hijos piensa que quien no los tiene está desequilibrado, de hecho la gente que tiene hijos normalmente está pendiente de sus propios hijos y no de los no-hijos de los demás. Otra cosa es que los padres o los abuelos de uno quieran tener un nietecito para sentirse completados ,caso que suele verse más a menudo, y le digan a uno que cómo es eso de que no se quiere tener hijos y casarse, o tener hijos sin casarse.

Yo creo (ahora, porque no siempre lo he pensado así) que tener un hijo es una experiencia muy hermosa, y además no la uno al matrimonio, el matrimonio sí es un trámite, la pareja no (o compañero sentimental, o compañera y compañero, o compañeros, lo que sea).Me duelen los ojos cuando leo algo tan duro como eso de que la gente tiene hijos porque sí, y ya está. Me he quedado de piedra, no es un convencionalismo social, por favor :S!

Uff este tema es larguísimo y complicadísimo, porque si además nos vamos a las bases biológicas nos podemos volver locos... y siempre parece que no queda lo suficientemente bien matizada la explicación que se de del punto de vista que uno tiene.

Un placer comentarte mis opiniones :D

 
At 26/8/06 02:39, Anonymous Jonay said...

Alicia la gente a la que se refiere es un grupo generalizado en nuestro entorno. Personas que dejan que la vida resbale por su cuerpo, pobres infelices sin referentes que agotan sus esperanzas en lo estrictamente económico, y sus pensamientos en lo preestablecido. Por supuesto, las divergencias existen, pero en nuestra zona son allanadas por el rechazo público o la marginación.
En estas circunstancias el matrimonio o la paternidad se reducen a trámites de una lista incompleta, una lista heredada e indiscutible. En el extraradio somos demasiado sustituibles como para poner en duda el régimen de lo normal. Por eso "en cuanto a los hijos, la gente quiere tenerlos por el mero hecho de tenerlos, no hay que darle más vueltas"

 

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