domingo, octubre 01, 2006

Dante Alighieri

Dante Alighieri (1265-1321) está considerado como una de las figuras más sobresalientes de la literatura universal, admirado por su espiritualidad y por su profundidad intelectual. Poeta —el mayor de la lengua italiana—, prosista, teórico de la literatura, filósofo y pensador político, quizá la menos conocida de todas estas facetas sea la de su dedicación a la filosofía, una disciplina a la que, por lo demás, se acercó tanto de oídas como a través de breviarios. A Dante también se le ha calificado de místico iniciado en determinados ritos, además de reaccionario: la primera etiqueta es muy discutible, pues no hay que olvidar que en los últimos cantos de la Comedia se encuentra con Dios, lo que le ha permitido ser considerado el mayor poeta católico. En cuanto a lo de reaccionario, en fin, es probable que más que un Dante reaccionario propiamente dicho, lo que ha venido teniendo lugar a lo largo de la historia es una visión reaccionaria en torno a su figura y su obra.

1. BASE HISTÓRICA DEL PERSONAJE

El espacio geográfico. Dante nació en Florencia, en los últimos días de mayo o los primeros de junio del año 1265, en el seno de una familia que pertenecía a la pequeña nobleza. ¿Y qué es lo que representa Florencia dentro de la baja Edad Media? Quizá quien mejor lo sintetice sea Adalberon:
El orden eclesiástico no compone sino un solo cuerpo. En cambio la sociedad está dividida en tres órdenes. Aparte del ya citado, la ley reconoce otras dos condiciones: el doble y el siervo que no se rigen por la misma ley. Los nobles son los guerreros, los protectores de las iglesias. Defienden a todo el pueblo, a los grandes lo mismo que a los pequeños y al mismo tiempo se protegen a ellos mismos. La otra clase es la de los siervos. Esta raza de desgraciados no posee nada sin sufrimiento. Provisiones y vestidos son suministradas a todos por ellos, pues los hombres libres no pueden valerse sin ellos. Así pues la ciudad de Dios que es tenida como una, en realidad es triple. Unos rezan, otros luchan y otros trabajan. Los tres órdenes viven juntos y no sufrirán una separación. Los servicios de cada uno de estos órdenes permite los trabajos de los otros dos. Y cada uno a su vez presta apoyo a los demás. Pero ahora las leyes se debilitan y toda paz desaparece. Cambian las costumbres de los hombres y cambian también la división de la sociedad (Adalberón, Carmen ad Rotbertum regem francorum, a. 998, P.L. CXLI).
Como podrá apreciarse en el texto, nos encontramos con un mundo medieval organizado a partir de unidades rurales (contratos vasalláticos, células donde había autoridad, como conventos o castillos, etcétera), aunque ello no exime la existencia de modelos más comunales, los cuales presentaban el inconveniente de ser más propensos al ataque, claro. Estas comunidades, cuyo máximo exponente lo representan las ciudades italianas, no se rigen por el control de un señor, sino por una serie de familias de alta posición, las mismas que Shakespeare inmortalizó en su obra Romeo y Julieta (1595). En estas comunidades acatan de alguna manera la doctrina religiosa formulada por el religioso italiano Joaquín de Fiore (1135-1202), cuya visión mística y profética se fundaba en la correspondencia entre las tres personas de la Santísima Trinidad, tres periodos históricos y tres tipos de hombres: la edad del Padre (desde la Creación hasta el nacimiento de Cristo) correspondería al reino de los legos casados, la Ley y la materia; la edad del Hijo, al reino de los clérigos y la Fe; pronto llegaría la edad del Espíritu, en la que reinaría sobre la Tierra un nuevo orden monacal (el reino de los santos). Liberados de la letra, y por tanto de la moral (Ley) y de la doctrina (Fe), convertidos a la pobreza evangélica, los hombres vivirían según el Espíritu. Basándose en el Apocalipsis y en el Evangelio según san Mateo, su Concordia de ambos Testamentos fijaba en 1260 el inicio de dicha edad. Este será el universo en el que Dante comience a moverse.
Espacio sociocultural. Se sabe muy poco acerca de la educación de Dante, aunque sus libros reflejan una amplia erudición que comprendía casi todo el conocimiento de la época. En sus comienzos recibió una gran influencia de las obras del filósofo y retórico Brunetto Latini, que aparece, por otro lado, como personaje destacado en la Comedia (en realidad no será el único, pues la base intelectual dantesca proviene de otros destacados pensadores de su época). Hacia 1285 se encontraba en Bolonia, y algunos estudiosos suponen que estudió en la universidad de esa ciudad, aunque lo cierto es que este punto de su biografía no está nada claro. A raíz de las luchas políticas que tuvieron lugar en la Italia de aquellos años, tomó la decisión de involucrarse en la política, uniéndose en un principio al bando de los güelfos, opuestos a los gibelinos. En 1289 formó parte del Ejército güelfo de la ciudad de Florencia que combatió en la batalla de Campaldino, en la que los güelfos vencieron a los gibelinos de Pisa y Arezzo1. En paralelo a su actividad política, Dante comienza a desarrollar una serie de conocimientos al margen de la autoridad religiosa, que era la que se encontraba detrás de todo tipo de saber; precisamente es durante esta época cuando escribe la Vida nueva, una serie de poemas con los que intenta superar la tradición provenzal, pues describe los sentimientos amorosos del poeta de una manera sublime e idealista, insinuando una elevada espiritualidad muy próxima al misticismo.

2. LA ACTIVIDAD POLÍTICA DE DANTE

No se sabe muy bien en qué momento accede Dante a la política, pues lo cierto es que a pesar de haber desempeñado alguna que otra actividad de carácter belicoso, el tiempo de su juventud lo invirtió sobre todo en escribir poesía, que por aquel entonces era el deporte oficial de la élite florentina. Pero de repente, y como quien no quiere la cosa, nos encontramos con que durante cinco años Dante participó activadamente en la vida política. Así las cosas, en 1300 partió hacia San Gimignano al frente de una misión diplomática, y ese mismo año resultó elegido como uno de los seis magistrados de Florencia, cargo en el que se mantuvo sólo dos meses. Durante su mandato se profundizó la rivalidad existente entre las dos facciones del partido güelfo florentino, los llamados negros, que veían en el Papa un interesante aliado contra el poder imperial, y los blancos, que pretendían mantenerse independientes tanto del Papa como del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Con el fin de mantener la paz en la vida política florentina, se decidió desterrar a los jefes de las dos facciones enfrentadas. Sin embargo, apoyados por el papa Bonifacio VIII, los cabecillas de los güelfos negros regresaron a Florencia en 1301 y se apoderaron del gobierno de la ciudad. Sobre este escenario Dante (que se había opuesto al papa Bonifacio VIII y fue expulsado por un periodo de dos años) comienza a concebir su aparato como una dura crítica al autoritarismo florentino y al papado; así, los años de su exilio sirvieron para que sus ideas políticas sufriesen una considerable mutación y abrazase la causa de los gibelinos, que aspiraban a la unificación de Europa bajo el gobierno de un emperador culto y competente (considera que el Imperio es el régimen que vela por los derechos de los individuos, de ahí su acérrima defensa del modelo imperial2).
Durante los primeros años de su exilio Dante escribió una importante obra en latín, De vulgari eloquentia, un tratado sobre las ventajas que supondría el uso del italiano como lengua literaria. En él defiende la utilización de la lengua vernácula —algo que nadie había hecho hasta ese momento—, estableciendo criterios para su buen uso como lengua escrita. ¿Y qué es lo que pretende Dante con esta obra?: pues demostrar que el latín sirve para afrontar determinados problemas, pero que en el fondo no es sino una lengua artificial (y lo importante es que el individuo se desenvuelva con su lengua natural). Pero mejor será comprobarlo a través de las palabras del propio Dante: “Esta lengua [la vulgar] es necesaria para todos (…). De estas dos lenguas [el latín y el italiano], la vulgar es la más noble (…) por sernos natural, mientras que la otra es más bien producto del arte (…). Fue necesario que los hombres tuvieran a su disposición, para comunicarse mutuamente sus ideas, algún signo racional y sensible a la vez (…). Y este signo es el noble asunto del que tratamos ahora, pues es sensible en cuanto al sonido y racional en cuanto a su valor significativo convencional”. (De vulgari eloquentia, Libro I). Finalmente, Dante concluye su libro con una sección dedicada a la crítica de algunas obras en lengua vernácula.
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Nota: una indisposición del conferenciante impidió la celebración del segundo seminario, que en un principio iba a estar dedicado al análisis de la Comedia. Nos consta que dicha indisposición fue recibida tanto por profesores como por alumnos con una profunda tristeza. Esta lamentable circunstancia explica el vacío del presente resumen (hablar de Dante y no hacerlo de la Comedia, su obra magna).

1Los güelfos y gibelinos, son el nombre que recibieron dos facciones políticas que dominaron el norte y el centro de Italia desde el siglo XII hasta el XV. Surgieron a principios del XII en Germania y apoyaron a los pretendientes al trono del Sacro Imperio Romano Germánico correspondientes a dos casas nobiliarias: los Welf, duques de Sajonia y Baviera, y los Hohenstaufen, duques de Suabia. A principios del siglo XIII, cuando Otón de Brunswick, miembro de los Welf, estuvo involucrado en una contienda por la corona imperial con Federico II de Hohenstaufen, el conflicto entre los bandos germanos se trasladó a Italia. El vocablo güelfo es una deformación de la palabra Welf; gibelino es la corrupción de Waiblingen, un señorío perteneciente a los emperadores Hohenstaufen. A lo largo del siglo XIII los nombres de los dos bandos perdieron su original significado germánico. La facción güelfa se convirtió en el partido contrario a la autoridad de los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico en Italia y apoyaba el poder del Papado, mientras que el gibelino defendía la autoridad imperial. El partido güelfo, sin embargo, se transformó, en cierto sentido, en un partido de carácter nacionalista, al sostener a los principados y repúblicas de Italia que estaban demandando derechos y libertades municipales y provinciales. La Italia bajo-medieval quedó dividida por violentos conflictos políticos y militares entre los partidarios de estas dos grandes facciones. Por lo general, las grandes familias nobiliarias se adhirieron a los gibelinos, mientras que las principales ciudades apoyaban a los güelfos. Con el paso del tiempo, la división se hizo más geográfica. La nobleza de los distritos más nórdicos se inclinó por los gibelinos y la de los centrales tomó partido por los güelfos. Pisa, Verona y Arezzo fueron bastiones gibelinos; Bolonia, Milán y, particularmente, Florencia apoyaron a los güelfos. En esta última ciudad las luchas entre ambos partidos derivó en una guerra civil que duró más de diez años hasta que, en 1266, los gibelinos fueron expulsados de la ciudad. En el siglo XIV, una vez que los emperadores habían dejado de tener gran poder en Italia, la contienda degeneró en un conflicto entre facciones políticas locales, que tomaron para sí el prestigio de los antiguos nombres y sus prejuicios tradicionales y hereditarios. El papa Benedicto XII prohibió en 1334, bajo pena de la censura de la Iglesia, el uso por más tiempo de los nombres güelfo y gibelino, pero se aplicaron a diferentes facciones algunas veces en una fecha tan tardía como el siglo XVI.
2De hecho, si no se hubiera dedicado a la escritura de la Comedia, se habría dedicado con mayor persistencia en su defensa del Imperio, una idea que en cualquier caso se encuentra presente en la citada Comedia, pues al fin y al cabo se trata de un panfleto político que nunca podrá comprenderse si no se comprende primero las circunstancias históricas en las que fue escrito.