domingo, octubre 01, 2006

La escolástica española del Renacimiento


1. INTRODUCCIÓN

Si algo tuvieron en común gente tan valiosa como Descartes, Hegel o Heidegger fue su empeño en relegar al humanismo en la cloaca del saber filosófico. Una intransigencia que no deja de ser un tanto infundada en la medida de que durante el Renacimiento (siglos XV-XVI) se produjo una profunda renovación del pensamiento escolástico desarrollado en la Edad Media1 por cristianos, árabes y judíos y en el que predominaba la enseñanza de la doctrina aristotélica2. El método utilizado por los escolásticos no era otro que la disputa3: así, primero leían los textos y, posteriormente, pasaban a las explicaciones o sentencias de los mismos. Estas discusiones siempre se producían de manera silogística; de hecho, su exposición de la dialéctica alcanzó unos niveles tan elevados que terminaron por enredarse en asuntos sin la menor importancia, lo cual significó, a la larga, la decadencia de este tipo de argumentos. Como es bien sabido, la escolástica es una filosofía de carácter religioso, en tanto en cuanto se halla unida a la fe. Según Hadot (¿Qué es la filosofía antigua?) la raíz de este componente teológico hay que encontrarla en el desinterés por parte de la filosofía antigua de explicar la realidad, ya que, antes que nada, se trata de un modo de vida —una condición vital— que necesita justificarse. El argumento, a priori, parece razonable: uno vive y luego piensa en base a esas vivencias (una dualidad que resultaría muy complicada presentar al revés). Con este panorama, ¿qué fue exactamente lo que ocurrió? Pues que el cristianismo y el judaísmo se presentaron como modos de vida en los inicios de la Edad Media —más incluso que como unas religiones en sí mismas—, aún a pesar de que los primeros no hubiesen enarbolado una exposición filosófica en condiciones. Así que lo que hicieron fue tomar “prestado” el discurso pagano para poder justificar el suyo4, con lo que no hicieron más que desintegrar la unidad hasta entonces existente en la filosofía clásica. Siglos después, los padres de la Iglesia católica terminaron por despreciar aún más el ya por entonces testimonial saber griego cuando lo redujeron al nivel de las artes liberales (trivium, quadrivium) las cuales nada tenían que ver por aquel entonces con las ejercidas en los tiempos de Platón y Aristóteles, pues para los helenos el saber superior acabada con la filosofía.

2. RENOVACIÓN DE LA ESCOLÁSTICA EN LA ORDEN DE PREDICADORES

Esta orden religiosa de la Iglesia católica fue fundada en 1214 por Domingo de Guzmán en Toulouse (Francia). Su denominación completa es Orden de los Hermanos Predicadores, aunque sea más conocida por el nombre de dominicos que reciben sus miembros. Aceptada verbalmente por el papa Inocencio III, su aprobación no sólo fue confirmada por Honorio III en 1216, sino que también les otorgó toda una serie de privilegios, tales como el derecho a predicar y a escuchar confesiones en cualquier lugar, sin tener que solicitar una autorización al obispo de la diócesis local. La finalidad de los dominicos era la de contrarrestar las herejías de aquel tiempo, por medio de la predicación, la enseñanza y los ejemplos de austeridad (las ciencias morales, vaya). En el Renacimiento español, nos encontramos con dos destacadas figuras de la Orden de Predicadores, Francisco de Vitoria y Domingo de Soto, de las que a continuación vamos a hablar brevemente.
a) Francisco de Vitoria (1492-1546): fue catedrático en la Universidad de Salamanca y nunca dejó nada publicado (de él sólo se conservaron los borradores de sus lecciones universitarias). Introdujo la Suma teológica de Tomás de Aquino como fundamento de sus cursos, en sustitución de las tendencias de Pedro Lombardo, dominantes desde el siglo XIII. También fue el iniciador en España, fiel a la pauta tomista, de la costumbre de tomar notas o apuntes por parte de los universitarios. Pero, sin lugar a dudas, su aportación más conocida fue el haber iniciado el Derecho internacional con su lección De indis, donde abordó el asunto de los derechos de la Corona en la conquista de América y los derechos de los habitantes de aquellas tierras (según sus propias palabras, “los españoles no tenían títulos legítimos para conquistas las Indias, porque el emperador español no es el soberano de todo el mundo”). Y, aunque fue consultado en múltiples ocasiones por el emperador sobre asuntos relacionados con las Indias Occidentales, lo cierto es que su postura tuvo defensores (caso del fraile Bartolomé de las Casas) y detractores a partes iguales. Sus principios filosóficos se basan en: a) la distinción entre el orden natural y el sobrenatural, lo que servirá, por ejemplo, para decirle al papa que no puede involucrarse en los asuntos terrenales en la medida de que son independientes de la voluntad divina; y b) la preeminencia de la razón sobre la voluntad, ya que el orden natural es racional y no de voluntades. Este orden concede a todo hombre sólo por el hecho de serlo una serie de derechos que ninguna otra autoridad puede inculcar. Vitoria también es autor de un Derecho de la guerra, que trata de los conflictos entre los cristianos; a su juicio, la guerra puede ser legítima si hay un verdadero motivo para ello (como recibir una injuria o defender la propiedad), pero no cuando su fin último es alcanzar la gloria y el poder económico. Precisamente, Vitoria también fue, para muchos, el precursor del futuro liberalismo económico, ya que supo advertir la distinción entre precios fijados y no fijados del mercado (en su opinión, lo ideal es que exista una competencia perfecta entre el comprador y el vendedor, y para que se dé esta circunstancia debe de haber el mismo grado de libertad entre ambos).
b) Domingo de Soto (1494-1560): fue catedrático de teología en la Universidad de Salamanca, donde coincidió con Francisco de Vitoria. La universidad le pidió que impusiera sus obras, entre las que destacan Comentarios a la dialéctica de Aristóteles y, sobre todo, Tratado de la justicia y el derecho. En lo que respecta a su estudio de las leyes, Soto distingue entre la ley natural, la eterna y la humana. ¿Y qué es lo que representa para él la ley?: pues la organización de la razón promulgada para el bien común (según las cuatro causas aristotélicas). Así, la gran ley de todas es la eterna, pues supone la razón suprema de Dios, que ordena y mueve a todos los seres organizados en sus respectivos fines. En cuanto a la ley natural, es un reflejo de la anterior pero aplicada al campo de la razón de los seres finitos. Finalmente, la ley humana es la concertación de la ley natural en unas circunstancias determinadas; esto implica que se trate de una ley positiva, en la medida de que defiende el derecho de gentes (derivado como conclusión de los principios) y el derecho civil (que trata de las conclusiones y no de los principios). El término derecho es aquí entendido como un grado o virtud de la justicia, cuyo cometido no es otro que el de establecer una igualdad. Pero llegados a este punto nos encontramos con una distinción entre la justicia natural y la positiva, dependiente de la voluntad humana. Por lo demás, Domingo de Soto también experimentó la diferencia del valor del dinero en las ferias de Europa, dejando claro que donde hay abundancia de dinero, éste se cotiza menos (y viceversa). Así pues, constató cómo el valor monetario no obedece a un sistema objetivo5.

3. RENOVACIÓN DE LA ESCOLÁSTICA EN LA COMPAÑÍA DE JESÚS

La Compañía de Jesús, instituto religioso de clérigos regulares de la Iglesia católica, fue fundada por Ignacio de Loyola en 1534 y confirmada oficialmente por el papa Pablo III en 1540. La frase emblemática de la orden es Ad majorem Dei gloriam (“A la mayor gloria de Dios”) y su objetivo es el de difundir la fe católica por medio de la predicación y la educación, así como trabajar en lugares y momentos en que así lo requiera con urgencia la Iglesia. Desde los primeros momentos de su historia, la enseñanza ha sido la principal actividad de la orden. En este campo, sus aportaciones han sido notables, tanto en el ámbito de la teología como en el de distintas disciplinas seculares. Durante el Renacimiento, los jesuitas se volcaron en la renovación de la filosofía natural, así como de la metafísica de Tomás de Aquino. Tras esta breve acotación, vamos a pasar a comentar a tres de los autores fundamentales de este período: Benito Pererio, Francisco de Toledo y Pedro da Fonseca.
a) Benito Pererio (1536-1610): se trata del primer jesuita que rechaza el principio tomista de individuación, así como la distinción entre esencia/existencia. Para él los principios y afecciones comunes de todas las cosas son de orden natural, de ahí que interprete como un problema la utilización de las matemáticas dentro de la filosofía. Para entender esta discusión debemos tener en cuenta, por un lado, la gran tradición retórica ligada a los humanistas (el convencimiento está por encima de la razón y está idea estará presente en todo el campo filosófico-escolástico) y, por otro, la corriente de la matemática y la astronomía, de mayor predominio en la Península itálica gracias, en buena medida, a la caída de Constantinopla en 1453 a manos de los otomanos; este suceso histórico trajo como inmediata consecuencia que los griegos ilustrados emigrasen a Italia y, con ellos, muchos manuscritos de los matemáticos griegos que hasta ese momento fueron mal entendidos. Precisamente debido a esta pésima interpretación de los originales, algunos pensadores españoles, como Francisco Suárez, llegaron a la conclusión de que las matemáticas constituían un a priori tan indemostrable como cualquiera de los principios metafísicos (así pues, no sería muy descabellado pensar que España perdió la carrera científico-técnica en estos años decisivos).
b) Francisco de Toledo (1533-1596): fue un jesuita cuyo mayor mérito consistió en escribir un libro (1586) en el que comentaba la física aristotélica y que en su tiempo fue mucho más consultado que el propio Aristóteles.
c) Pedro da Fonseca (1528-1599): fue jesuita portugués que elaboró un importante comentario de la Metafísica de Aristóteles, el cual constaba del original griego (página izquierda), así como de la traducción al latín de la citada obra (página derecha) y unas importantes anotaciones debajo del textos. Una vez más, estos comentarios se impusieron al Aristóteles original. Sin embargo, la contribución más importante de Fonseca fue elaborar una teoría filosófico-teológica de la “ciencia media”; con esta teoría se admitía la posibilidad de que Dios conocía desde la eternidad los llamados ‘”futuribles” o futuros contingentes, lo cual enfrentó a los teólogos escolásticos del siglo XVI.

4. FRANCISCO SUÁREZ, EL REPRESANTE CON EL CULMINAN AMBAS TRADICIONES


Francisco Suárez (1548-1617), fue un pensador y teólogo español famoso por su importante contribución a la filosofía de la ley. Nacido en Granada, estudió Derecho canónico en Salamanca. Continuó sus estudios teológicos y filosóficos en colegios privados y de 1571 a 1580 impartió clases sobre ambos temas en Ávila, Segovia y Valladolid. Fue profesor en el Colegio Romano, en Roma, hasta 1585, cuando volvió a España para enseñar en Alcalá y Salamanca. Ocupó la cátedra de teología de la Universidad de Coimbra, Portugal, donde moriría en 1617. Prolífico escritor y adepto a la filosofía de santo Tomás de Aquino, Suárez está considerado como un teólogo eminente. Fue un famoso expositor y analista del pensamiento doctrinal jesuita y sus tratados resuelven por primera vez el problema de la naturaleza escolástica de la metafísica, el derecho y la política.
a) La metafísica: su obra más importante en relación a esta materia son los dos volúmenes de las Discusiones metafísicas (1597), donde cita a 246 autores, entre los cuales el nombre de Aristóteles se repite más de mil veces. En ella Suárez crea un nuevo método expositivo de la metafísica en el que prescinde de la exposición aristotélica y establece la contraposición entre el ser-finito y ser-infinito. De este modo, relega la naturaleza de la metafísica al tercer grado de la abstracción, lo cual le permite a ésta contemplar al ente en cuanto ente. Así, el ente se nos presenta como nombre y participio, ya que la esencia sin la existencia (tal y como sostienen Aristóteles y Tomás) es, sencillamente, la nada misma. Esta idea tendrá mucha influencia en los países nórdicos, y servirá de inspiración para futuras eminencias como Descartes, Leibniz o Spinoza.
b) El derecho político: Suárez hizo también una decisiva aportación en el campo jurídico-político, con posiciones muy avanzadas para su tiempo. En Sobre las leyes (1612), razonó en contra de la teoría del derecho divino de los reyes y desarrolló un sistema de Derecho civil y penal que abarca los principios de responsabilidad civil y justicia legal6. La principal tesis expuesta en esta obra es la de una nueva idea de la moral, basada en el concepto de creación y en la dependencia de las criaturas respecto al creador. En ella condenó la despiadada explotación de los indígenas de Nueva York por los colonizadores españoles y calificó las diferentes naciones y Estados del mundo como “comunidad natural” dentro de una unidad política y moral. Asimismo, se anticipó al Derecho internacional al sostener que las relaciones internacionales estaban regidas por la ley de los pueblos (ius gentium) basada en la ley natural y establecida por un conjunto de costumbres y tradiciones, y en el derecho positivo, establecido por estatuto. Las doctrinas jurídicas Suárez establecen, entre otras causas, que el hombre nace libre, que existe un primer y un segundo pacto político, que el pueblo sólo puede destituir al soberano si se convierte en tirano y, por último, que leyes son humanas, pero que la autoridad política procede de Dios y él es quien la otorga a toda la sociedad.
1La escolástica medieval se divide en cuatro períodos claramente diferenciados, a saber: preescolástico (siglos V-IX), primera escolástica (IX-XII), los años de la gran escolástica (XIII) y los de crisis y decadencia (XIV).
2De hecho, los escolásticos llevaron el pensamiento de Aristóteles hasta unos niveles de profundización como nunca antes se había producido y que, sin duda, no volvería a repetirse hasta los siglos XIX-XX. Luego, queda claro que no limitaron a repetir, pues su aportación fue valiosísima.
3En opinión de Ernesto Grassi se trata de una filosofía que parte de la palabra y no de la cosa, que se expresa en lenguaje retórico y no lógico y que se sirve más del genio inventivo que del deductivo.
4El filósofo judío Filón de Alejandría (20 a.e.-50 d.e.), fue el primero en elaborar una teoría escolástica. Mantenía que la mayor dimensión del Pentateuco, tanto en su dimensión legal como histórica, podía ser explicada de forma alegórica, y que su significado más real y profundo debe ser descifrado a través de esa interpretación. Concebía a Dios como un ser sin atributos, mejor que la virtud y el conocimiento, superior a la belleza y la bondad, un ser tan elevado sobre el mundo que se requiere una clase de mediadores para establecer un punto de encuentro entre Él y el mundo. Encontró esos intermediarios en el mundo espiritual de las ideas —no sólo ideas en el sentido platónico, sino energías reales, activas, que rodean a Dios como seres que le asisten—. Todas estas fuerzas intermedias son conocidas como el logos, imagen divina según la cual las personas son creadas y a través de la cual participan de la divinidad. Las obligaciones del individuo consisten en la veneración de Dios y en el amor y rectitud hacia los otros. Los humanos son inmortales en razón de su naturaleza celeste, pero igual que existen grados en la naturaleza divina, también existen grados de inmortalidad. La vida después de la muerte, común a toda la humanidad, difiere de la existencia futura de las almas perfectas, para las que el paraíso consiste en síntesis en la unión con Dios.
5Con posterioridad el navarro Martín de Azpilcueta volvería a reformular una teoría cuantitativa del dinero basándose en las teorías de Soto.
6Las principales doctrinas jurídicas expuestas en Sobre las leyes son: la definición y la división de la ley; la ley eterna y la ley natural; las leyes del derecho de gentes y las del derecho civil y, por último, la ley como acto de la voluntad del legislador.

1 Comments:

At 16/11/11 15:13, Anonymous Anónimo said...

Quisiera saber algo más sobre la conservación de la escolástica en España hasta el siglo XX. Según tengo entendido, allí fue una tradición que nunca se perdió. Gracias.

 

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