domingo, octubre 08, 2006

Una canción de Leonard Cohen



Suzanne te lleva a su escondite, al lado del río.

Puedes oir las barcas pasar de largo.

Puedes pasarte toda la noche a su lado.

Y sabes que está medio loca,

pero ése es el motivo por el cual estás allí.

Y te da té, y naranjas

que vienen directamente de China.

Y cuando tratas de decirle

que no tienes amor para ofrecerle,

te coge y te mece en sus brazos,

dejando que sea el río el que conteste

que siempre has sido su amante.

Y quieres viajar con ella.

Quieres viajar, cegado.

Y sabes que confiará en tí

por haber tocado su cuerpo perfecto con tu mente.

Y Jesús era un marinero

cuando caminó sobre el agua.

Y gastó mucho tiempo mirando

desde su solitaria torre de madera.

Y cuando supo con certeza

que sólo los que se ahogaran podrían verle

dijo: "Todos los hombres serán marineros".

Pero él mismo estaba arruinado

antes de que el cielo se abriera.

Abandonado, casi humano

se hundió bajo tu sabiduría como una piedra.

Y quieres viajar con él.

Quieres viajar, cegado.

Y sabes que quizá confiarás en él

por haber tocado tu cuerpo perfecto con su mente.

Ahora Suzanne toma tu mano,

y te conduce hasta el río.

Lleva puestos unos trapos y plumas

sacados de la ventanilla del Ejército De Salvación.

Y el sol cae como la miel

sobre nuestra chica del puerto.

Y te muestra donde mirar

entre la basura y las flores.

Hay héroes en las cloacas,

y niños por la mañana,

inclinándose por amor.

Y lo seguirán haciendo siempre,

mientras Suzanne sostiene el espejo donde se mira.

Y quieres viajar con ella.

Quieres viajar, cegado.

Y sabes que podrás confiar en ella

por haber tocado tu cuerpo perfecto con su mente.

Leonard Cohen, Suzanne, 1967.