miércoles, agosto 30, 2006

¿Y cuando ellos no estén, qué? (III)





























































¿Y cuando ellos no estén, qué? (II)





¿Y cuando ellos no estén, qué? (I)






viernes, agosto 25, 2006

Los libros de Guillermo Cabrera Infante

No lo puedo ocultar: Cabrera Infante es uno de mis autores favoritos, no sólo por sus admirables críticas cinematográficas, sino también por su enorme (en todos los sentidos) evocación biográfica, titulada La Habana para un infante difunto (1979). Dicen que al morir dejó más material inédito que el publicado (hasta donden yo sé, entre este material se encuentran, al menos, tres novelas de gran extensión: a saber cúando publicarán todos esos escritos). A la espera de que llegue ese día, nos entretendremos haciendo publicidad de la bibliografía básica de Cabrera Infante (que tampoco es demasiado extensa), a ver si así alguien se anima a leer algo del escritor cubano.

Así en la paz como en la guerra. 1997. Alfaguara. 203 pag.
Un oficio del siglo XX. 2005. Alfaguara. 551 pag.
Tres tristes tigres. 2004. Seix Barral. 480 pag.
Vista del amanecer en el Trópico. 1998. Galaxia Gutenberg. 208 pag
O. Fondo Monetario. 192 pag.
Exorcismos de esti(l)o. 2002. Punto de Lectura. 310 pag.
Arcadia todas las noches. 1995. Alfaguara. 269 pag.
La Habana para un Infante difunto. 2005. Alfaguara. 512 pag.
Puro humo. 2000. Alfaguara. 503 pag.
Mea Cuba. 1999. Alfaguara. 470 pag.
Delito por bailar el chachachá. 1995. Alfaguara. 100 pag.
Ella cantaba boleros. 1996. Alfaguara. 312 pag.
Mi música extremada. 1996. Espasa Calpe. 399 pag.
Cine o sardina. 1997. Alfaguara. 520 pag.
Vidas para leerlas. 1998. Alfaguara. 294 pag.
El libro de las ciudades. 1999. Alfaguara. 272 pag.
Todo está hecho con espejos. 1999. Alfaguara. 272 pag.

Poemas de Leopoldo María Panero

No le darán nunca el Nobel, ni siquiera algún premiete convocado por los diferentes ministerios de turno (progres incluidos) o fundaciones encargadas de cubrirse las espaldas. Nos referimos a Leopoldo María Panero, poeta alejado de los círculos oficiales por hallarse fuera de todo politiqueo y seguidismo. Su principal problema: ser español. Una figura así en un país como Estados Unidos hubiera sido aclamada y mimada desde hace muchísimo tiempo. España, sin embargo, aún tiene el sermón de los domingos tan incrustado en la sesera que todavía le cuesta exhibir a sus supuestos "malditos" (¡qué expresión más horrible!) con cierta naturalidad. Con o sin locura, Panero es uno cuatro o cinco mejores poetas de la lengua castellana del último cuarto de siglo (para muchos es directamente el mejor). Su mejor presentación: ser sincero y no ocultar la falta de un aliento poético detrás de oscuras máscaras y archisabidos recursos estílisticos. Ahí van unas cuantas muestras de su talento.

Proyecto de un beso

Te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra
te mataré mañana poco antes del alba
cuando estés en el lecho, perdida entre los sueños
y será como cópula o semen en los labios
como beso o abrazo, o como acción de gracias
te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra
y en el pico me traiga la orden de tu muerte
que será como beso o como acción de gracias
que será como beso o como acción de gracias
o como una oración porque el día no salga
te mataré mañana cuando la luna salga
y ladre el tercer perro en la hora novena
en el décimo árbol sin hojas ya ni savia
que nadie sabe ya por qué está en pie en la tierra
te mataré mañana cuando caiga la hoja
decimotercera al suelo de miseria
y serás tú una hoja o algún tordo pálido
que vuelve en el secreto remoto de la tarde
te mataré mañana, y pedirás perdón
por esa carne obscena, por ese sexo oscuro
que va a tener por falo el brillo de este hierro
que va a tener por beso el sepulcro, el olvido
te mataré mañana cuando la luna salga
y verás cómo eres de bella cuando muerta
toda llena de flores, y los brazos cruzados
y los labios cerrados como cuando rezabas
o cuando me implorabas otra vez la palabra
te mataré mañana cuando la luna salga,
y salir de aquel cielo que dicen las leyendas
pedirás ya mañana por mí y mi salvación
te mataré mañana cuando la luna salga
cuando veas a un ángel armado de una daga
desnudo y en silencio frente a tu cama pálida
te mataré mañana y verás que eyaculas
cuando pase aquel frío por entre tus dos piernas
te mataré mañana cuando la luna salga
te mataré mañana y amaré tu fantasma
y correré a tu tumba las noches en que ardan
de nuevo en ese falo tembloroso que tengo
los ensueños del sexo, los misterios del semen
y será así tu lápida para mí el primer lecho
para soñar con dioses, y árboles, y madres
para jugar también con los dados de noche
te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra.

Diario de un seductor

No es tu sexo lo que en tu sexo busco
sino ensuciar mi alma:
deflorar
con todo el barro de la vida
lo que aún no ha vivido.

Como un perro...

Como un perro me ladro a mí mismo
y escarbo en los restos de mi alma
igual que alguien que quiso ser
y se convirtió
en vapor de sí mismo, en seda
rasgada por los lebreles del tiempo.

Un asesino en las calles

No mataré ya más, porque los hombres sólo
son números y letras de mi agenda
e intervalos sin habla, descarga de los ojos
de vez en vez, cuando el sepulcro se abre
perdonando otra vez el pecado de la vida.
No mataré ya más las borrosas figuras
que esclavas de lo absurdo avanzan por la calle
agarradas al tiempo como a oscura certeza
sin salida o respuesta, como para la risa
tan sólo de los dioses, o la lágrima seca
de un sentido que no hay, y de unos ojos muertos
que el desierto atraviesan sin demandar ya nada
sin pedir ya más muertos ni más cruces al cielo
que aquello, oh Dios lo sabe, aquella sangre era
para jugar tan sólo.

A mi madre (reivindicación de una hermosura)

Escucha en las noches cómo se rasga la seda
y cae sin ruido la taza de té al suelo
como una magia
tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos
y un manojo de flores llevas en la mano
para esperar a la Muerte
que cae de su corcel, herida
por un caballero que la apresa con sus labios brillantes
y llora por las noches pensando que le amabas,
y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas
y hablemos quedamente para que nadie nos escuche
ven, escúchame hablemos de nuestros muebles
tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con
empuñadura en forma de pato
y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra
y ahora que el poema expira
te digo como un niño, ven
he construido una diadema
(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve).

La poesía destruye al hombre...

La poesía destruye al hombre
mientras los monos saltan de rama en rama
buscándose en vano a sí mismos
en el sacrílego bosque de la vida
las palabras destruyen al hombre
¡y las mujeres devoran cráneos con tanta hambre
de vida!
Sólo es hermoso el pájaro cuando muere
destruído por la poesía.

martes, agosto 22, 2006

Edward Hopper, Circle Theatre

lunes, agosto 21, 2006

Barton Fink, de los hermanos Coen

Una de mis obligaciones como miembro del Aula de Cine de la Universidad de La Laguna es presentar películas y escribir sus correspondientes dípticos. De momento, sólo he presentado una, por lo que, del mismo modo, sólo he escrito un díptico, que es el que a continuación les reproduzco. Que lo disfruten:

Todo comenzó con Caín y Abel. Desde entonces el concepto de hermanos ha recorrido la historia en todas sus vertientes: inventiva (Orville y Wilbur Wright), pictórica (Antoine, Louis y Mathieu Le Nain), poética (Manuel y Antonio Machado), novelesca (Iván, Dmirtri y Aliocha Karamazov) e incluso, ay, política (George y Jeb Bush). No en vano el cine, también llamado el oficio del siglo XX, es hijo directo de los consanguíneos Louis y Auguste Lumière. En ese sentido los Coen no han patentado una marca (parafraseando a Marx —Groucho, desde luego—, la exclusividad de “hermanos” viene ya de muy atrás, posiblemente antes incluso que los mismos Caín y Abel); la novedad que ellos aportan reside en su inconfundible estilo, presente desde Sangre fácil (1984), su debut, un cuento texano revestido de humor negro y surrealismo blanco. Después de ellos, claro, surgirían los imitadores (Tom Dicillio o Jonas y Josh Pate, copia doble para un único film, El impostor).
Los Coen son, en esencia, unos bufones, aunque muchos no lo adviertan precisamente por el esteticismo con el que embadurnan todas sus películas, en más de una ocasión lindante con la fantasía. Estaríamos hablando, por tanto, del género indefinido, cuyo máximo exponente en el cine lo representa(ba) Roman Polanski, declarada referencia para los Coen. Desde esta perspectiva, señalada por el profesor Fernando de Felipe en su libro Joel y Ethan Coen. El cine Siamés (Glénat, 1999), “El punto máximo de esa relación […] ha sido hasta el momento Barton Fink, obra lúgubre, irónica y absurda a un tiempo, monumento fílmico de clara vocación oferente hacia el cine del maestro polaco”. Porque, lejos de las ideas fundamentales sobre las que se construye su argumento (el bloqueo mental del escritor, el homenaje al cine negro o la caricatura salvaje hacia el mundillo hollywoodiense), Barton Fink es una excusa que sirve a sus creadores para salirse del encorsetamiento de los géneros, sometiendo a sus personajes (y, por ende, al mismo espectador) al denominado principio de incertidumbre polanskiano.
La película, situada en los años 40, se centra en uno de los escalafones más bajos que anidan en Hollywood, el de los guionistas, muchos de ellos escritores de prestigio —véase, si no, la brutal parodia que se efectúa hacia gente como William Faulkner o Francis Scott Fitzgerald—, llamados a trabajar de forma puramente artesanal. De hecho, la literatura recorre de forma omnipresente todo el metraje, hasta el punto de que su desasosegador desenlace, curiosa mezcla de existencialismo pasado por el filtro del cine negro, parece concebido por el mismísimo Kafka. Mención especial merece la alucinante fotografía firmada por Roger Deakins, inspirada en la hermética pintura de Edward Hopper (atención a los planos rodados en el interior del hotel), así como los trabajos de cuantos componen el reparto. Para finalizar, y a modo de anécdota, decir que el presidente del jurado que concedió la Palma de Oro a los Coen fue Roman Polanski: ¿algo más que una casualidad?

George Clooney, bodas, hipotecas e hipertensión

El domingo por la noche toca charla con Samuel (personaje al que me referiré desde aquí en más de una ocasión) y C. La conversación en cuestión tiene lugar en el banco del barrio. Son reflexiones cálidas, fluidas y metafóricas, nada que ver con lo que se suele oír por aquí, que por lo general suele ser reggaeton y el ruido de las motos, lo cual impide cualquier tipo de comunicación verbal. Empezamos tocando el tema del cine, una de nuestras grandes obsesiones, y Samuel me obsequia con algunas primicias, tales como que George Clooney será —si no lo es ya— el nuevo Harrison Ford o que la pareja formada por el tal Clooney y Brad Pitt recuerda bastante a aquella otra de Newman-Redford.
—Por este motivo —explica Samuel— seguro que a estas alturas a algún listillo de Hollywood se le habrá ocurrido la genial idea (si no lo ha hecho ya) de hacer un "remake" de Dos hombres y un destino o El golpe con Clooney y Pitt.
Conclusión: el problema de los "remakes", por muy absurdos que sean, es que la gente, que cada vez tiene menos conciencia del pasado, termina engullendo la nueva versión y pasa olímpicamente de la antigua. Si esto sigue así, probablemente llegue un momento en que la audiencia recuerde más el Psicosis de Gust Van Sant que el de Hitchcock.
En lo que respecta a mí, le vuelvo a insistir a Samuel en que Paul Giamatti (que pronto estrena en España la nueva de Shyamalan, La joven del agua) es el nuevo Richard Dreyfuss, aquel hombrecito tan entrañable y que las drogas han convertido en un desecho interpretativo.
***
Cuando llega C. abandonamos el cine y la conversación toma un rumbo nuevo: el de la hipertensión que sufren la mayoría de nuestros amigos, aunque en realidad éste no sea el único síntoma, pues también padecen una alopecia descomunal y unas ansiedades impropias para la gente joven. Empezamos a tirar del hilo y pronto sale a la luz un dato relevante: que toda la gente de la que venimos hablando coincide en que se ha casado recientemente, lo que a su vez implica que se ha metido en el feo asunto de pagar una hipoteca monstruosa, coches, pequeños lujos, etcétera. Y lo siguiente, claro, será tener hijos. Samuel no lo duda ni un momento:
—Esta chorrada de las bodas es continuar con la misma moda competitiva de cuando éramos pequeños y queríamos algo que el otro tenía. "¿Qué se casa uno?: ¡pues yo también, hala!". Y en cuanto a los hijos, la gente quiere tenerlos por el mero hecho de tenerlos, no hay que darle más vueltas. Se les ha concienciado que el orden del mundo pasa por ahí y de que al obrar de otra manera dejan de ser personas. Gilipolleces. Y encima convierten a uno en un bicho raro si no pasa por el mismo aro que ellos.
Al parecer, desde la perspectiva en que la gente lo enfoca, la estabilidad de la pareja pasa por la estabilidad económica, nada más; una forma un poco chapucera para poner fin a la relación en casa de los padres y ser independiente. En cualquier caso, los tres (Samuel, C. y yo mismo), pensamos que esta imposible situación de las hipotecas deberá estallar tarde o temprano, por la sencilla razón de que ya no se resiste sobre el papel; pero, como siempre, habrá que esperar a que suceda lo peor para que la gente reaccione. Y es que la casa ha pasado de ser un elemento más de la vida a convertirse en lo prioritario, de manera que basamos toda nuestra existencia en eso y nada más. Desolador panorama.
Mientras la gente habla, pienso en los compañeros de trabajo: gente acomodada y de buenas familias de la geografía sureña que nunca toca estos temas.

domingo, agosto 20, 2006

Hoy es domingo y estreno el blog

Hoy ha sido un día de tantos, qué quieren que les diga. Por la mañana escribí un rato y tras el almuerzo hice un paréntesis para ver una película con unos amigos. La película en cuestión no es otra que la comedia Un cádaver a los postres (Robert Moore, 1976), y a la gente pareció gustarle, a pesar de que su sentido del humor se encuentra un tanto deshubicado; al fin y al cabo treinta años son treinta años y no es ninguna novedad que toda muestra de humor viejo debe encontrar la complicidad del espectador. Finalizada la peli, hablamos un poco sobre el incierto futuro, ya que alguno de los presentes se marchará dentro de poco a Madrid, a hacer algo útil con su vida (es evidente que aquí, dentro de la bola de cristal en que vivimos, no se puede). Al cabo de un rato retornamos al presente, en concreto al todopoderoso mundo de la informática, internet y todas esas cosas, ya saben. Uno de estos amigos me propone crear un blog en el que escribir la ingente canditad de chorradas que pienso y no termino materializando, y a la vista está que pronto pasamos del dicho al hecho. En fin, poco más hay que decir: mientras escribo estas líneas ellos se dedican a tocar música de cantautor (de hecho tienen su propia página web) y yo los escucho, muy a mi pesar (la improvización a veces pesa un poco). Ignoro si llegarán lejos o no con su música, pero de momento como pasatiempo no les ha hecho ningún daño.
Por cierto, y ya que estamos empezando, no quisiera engañarles sobre mi: soy un absoluto deficiente mental en el manejo de esto de la informática, así que cualquier consejo que me den será bien recibido. Presiento que habrá de todo: insultos y halagos, alegrías y desengaños, pero en fin, supongo que todo esto va incluido en el lote. En cualquier caso, no dejen de escribir. Chao.

Bienvenid@s



Escriban lo que les apetezca!!! Igual que ZP, "yo estoy abierto a multitud de sugerencias"