miércoles, septiembre 27, 2006

La hora Kubrick (III)





La hora Kubrick (II)




La hora Kubrick (I)





Dos poemas árabes

¡Oh nostalgia, mi enemiga!

Llevo treinta años contigo.
Nos encontramos como dos ladrones en un viaje de detalles incomprensibles.
Los vagones del tren
menguan con las estaciones,
Y la luz se apaga.
Pero tu asiento de madera, que ocupa todos los trenes, conserva su firmeza,
con los apuros de los años,
con los dibujos de tiza,
con las cámaras, cuyos nombres nadie recuerda,
con las caras,
con el árbol dormido ahora bajo el polvo…
Te miré fijamente
un instante
y me apresuré hacia los asientos de los últimos vagones,
alejándome de ti…

Es largo el camino, dije,
y extraje de mi bolsa de saco pan y un trozo de queso…
Y de pronto te veo,
compartiendo conmigo el pan y el queso.
¿Cómo has llegado hasta mí?
¿Por qué me has atacado cual halcón?
Escucha:
No he recorrido decenas de miles de kilómetros,
no he viajado por decenas de países,
no he conocido miles de ramas,
para que vengas a robarme el pan
y a aprisionarme en un rincón.
Abandona el asiento ahora y desciende.
Mi tren me llevará a mí solo desde esta estación,
baja.
Déjame ir donde no se detiene nunca el tren.

SAADI YUSUF, Londres, 11 de diciembre de 2003

***
Arden las palabras

Poesía, inmortal cadáver, me aburres.
Líbano arde,
Brinca cual yegua herida al borde del desierto
Mientras yo busco a una chica robusta
Para rozarla en el autobús,
A un hombre de rasgos árabes
Para derribarlo en cualquier sitio.
Mi país se desploma,
Tiembla desnudo cual cachorro de león
Mientras yo busco un rincón retirado
Y a una aldeana desesperada para seducirla.
Diosa de la poesía
Que penetras en mi corazón cual cuchillo
Cuando pienso que compongo poemas
A una chica desconocida,
A un país mudo
Que come y duerme con cualquiera.
Puedo reírme hasta que la sangre
Fluya por mis labios.
Yo soy la flor letal,
El águila que golpea a su presa sin piedad.
Árabes,
Montañas de harina y placer,
Campos de balas ciegas,
¿queréis un poema sobre Palestina,
sobre conquista y sangre?
Yo soy un hombre extraño:
Tengo el pecho de lluvia
Y en mis ojos ausentes
Hay cuatro naciones heridas buscando su muerte.
Estaba hambriento,
Escuchando la triste música
Y dando vueltas en la cama cual gusano de seda
Cuando saltó la primera chispa.
Desierto: tú mientes.
¿Para quién es esta muerte púrpura
y la flor recogida bajo el puente?
¿Para quiénes son estas tumbas
inclinadas bajo las estrellas,
esta arena que nos das
cada año cual cárcel o poema?
Ayer regresó este héroe de labios delgados
Acompañado por el viento, los tristes cañones
Y su larga lanza brillando cual puñales desnudos.
Dadle un anciano o una prostituta,
Dadle estas estrellas y las arenas judías.
Allí
En medio de la frente
Donde cientos de palabras agonizan
Quiero la bala de gracia.
Hermanos,
He olvidado vuestros rasgos,
Aquellos seductores ojos.
¡Dios mío!
Cuatro continentes heridos en mi pecho.
Creía que conquistaría el mundo
Con mis ojos azules y mi mirada poética.
Líbano: mujer blanca bajo el agua,
Montañas de pechos y garras.
Grita, mudo,
Alza los brazos
Hasta que estallen las axilas
Y sígueme.
Yo soy el barco vacío,
El viento cubierto de campanas.
Sobre los rostros de las madres y los cautivos,
Sobre los versos y metros decadentes
Verteré fuentes de miel,
Escribiré sobre árboles o zapatos,
Rosas o muchachos.
Aléjate, desgracia,
Bello muchacho encorvado.
Mis dedos son largos cual agujas
Y mis ojos son dos héroes heridos.
Desde hoy no habrá versos.
Cuando te derriben, Líbano,
Y se acaben las noches de poesía y frivolidad
Dispararé la bala en mi garganta.

MUHAMMAD AL MAGUT

Dos poemas árabes

¡Oh nostalgia, mi enemiga!

Llevo treinta años contigo.
Nos encontramos como dos ladrones en un viaje de detalles incomprensibles.
Los vagones del tren
menguan con las estaciones,
Y la luz se apaga.
Pero tu asiento de madera, que ocupa todos los trenes, conserva su firmeza,
con los apuros de los años,
con los dibujos de tiza,
con las cámaras, cuyos nombres nadie recuerda,
con las caras,
con el árbol dormido ahora bajo el polvo…
Te miré fijamente
un instante
y me apresuré hacia los asientos de los últimos vagones,
alejándome de ti…

Es largo el camino, dije,
y extraje de mi bolsa de saco pan y un trozo de queso…
Y de pronto te veo,
compartiendo conmigo el pan y el queso.
¿Cómo has llegado hasta mí?
¿Por qué me has atacado cual halcón?
Escucha:
No he recorrido decenas de miles de kilómetros,
no he viajado por decenas de países,
no he conocido miles de ramas,
para que vengas a robarme el pan
y a aprisionarme en un rincón.
Abandona el asiento ahora y desciende.
Mi tren me llevará a mí solo desde esta estación,
baja.
Déjame ir donde no se detiene nunca el tren.

SAADI YUSUF, Londres, 11 de diciembre de 2003

***
Arden las palabras

Poesía, inmortal cadáver, me aburres.
Líbano arde,
Brinca cual yegua herida al borde del desierto
Mientras yo busco a una chica robusta
Para rozarla en el autobús,
A un hombre de rasgos árabes
Para derribarlo en cualquier sitio.
Mi país se desploma,
Tiembla desnudo cual cachorro de león
Mientras yo busco un rincón retirado
Y a una aldeana desesperada para seducirla.
Diosa de la poesía
Que penetras en mi corazón cual cuchillo
Cuando pienso que compongo poemas
A una chica desconocida,
A un país mudo
Que come y duerme con cualquiera.
Puedo reírme hasta que la sangre
Fluya por mis labios.
Yo soy la flor letal,
El águila que golpea a su presa sin piedad.
Árabes,
Montañas de harina y placer,
Campos de balas ciegas,
¿queréis un poema sobre Palestina,
sobre conquista y sangre?
Yo soy un hombre extraño:
Tengo el pecho de lluvia
Y en mis ojos ausentes
Hay cuatro naciones heridas buscando su muerte.
Estaba hambriento,
Escuchando la triste música
Y dando vueltas en la cama cual gusano de seda
Cuando saltó la primera chispa.
Desierto: tú mientes.
¿Para quién es esta muerte púrpura
y la flor recogida bajo el puente?
¿Para quiénes son estas tumbas
inclinadas bajo las estrellas,
esta arena que nos das
cada año cual cárcel o poema?
Ayer regresó este héroe de labios delgados
Acompañado por el viento, los tristes cañones
Y su larga lanza brillando cual puñales desnudos.
Dadle un anciano o una prostituta,
Dadle estas estrellas y las arenas judías.
Allí
En medio de la frente
Donde cientos de palabras agonizan
Quiero la bala de gracia.
Hermanos,
He olvidado vuestros rasgos,
Aquellos seductores ojos.
¡Dios mío!
Cuatro continentes heridos en mi pecho.
Creía que conquistaría el mundo
Con mis ojos azules y mi mirada poética.
Líbano: mujer blanca bajo el agua,
Montañas de pechos y garras.
Grita, mudo,
Alza los brazos
Hasta que estallen las axilas
Y sígueme.
Yo soy el barco vacío,
El viento cubierto de campanas.
Sobre los rostros de las madres y los cautivos,
Sobre los versos y metros decadentes
Verteré fuentes de miel,
Escribiré sobre árboles o zapatos,
Rosas o muchachos.
Aléjate, desgracia,
Bello muchacho encorvado.
Mis dedos son largos cual agujas
Y mis ojos son dos héroes heridos.
Desde hoy no habrá versos.
Cuando te derriben, Líbano,
Y se acaben las noches de poesía y frivolidad
Dispararé la bala en mi garganta.

MUHAMMAD AL MAGUT

Imágenes de Mrs. Leonor Watling





Imágenes de Mr. Bill Murray




Imágenes de Mr. Tom Waits





domingo, septiembre 17, 2006

Santo Tomás de Aquino: pensamiento político

Jueves 27 de abril. Jornada maratoniana la de este día, pues aún no habíamos recobrado el aliento sobre san Agustín y su Ciudad de Dios y ya nos encontrábamos sumergidos en el pensamiento político de santo Tomás. Aunque el nivel de atención de quien esto escribe no decayó en ningún momento —a lo que contribuyó la lúcida, jocosa y brillante exposición por parte del conferenciante, don Domingo Fernández Agis, a nuestro entender uno de los valores más seguros de la Facultad—, hemos de decir que un sector del público no supo estar a la altura, con sus continuas idas y venidas a no se sabe muy bien dónde y el consiguiente abrir y cerrar de la puerta que a unos (entre los que me incluyo) tanto molesta. En fin, mejor vamos a dejarlo correr… En cuanto al discurso de Fernández Agis, más líquido y desgrasado que el pronunciado por la decana, pudimos entresacar lo que sigue.
El poder religioso. Mientras Roma fue una república (desde el 510 a.e. hasta Julio César) el esplendor y dominios griegos fueron notables, pero una vez iniciada la época del Imperio (recordemos, desde Julio César hasta el 476 d.e.) el protagonismo histórico (y, por ende, intelectual) recayó en la península itálica. De estos años, sin duda, lo más importante fue la consolidación de la Iglesia católica apostólica romana, o lo que es lo mismo, la institucionalización oficial del cristianismo —hasta entonces único— como empresa ligada al poder1. Tras la caída del Imperio Romano y la consiguiente proliferación de los pueblos germanos llegó el largo período de la historia conocido como Edad Media (siglos IV-XV), momento que la intocable Iglesia aprovechó para extender sus dominios a todos los aspectos de la vida cotidiana, de ahí el trasfondo teológico que subyace en las manifestaciones intelecto-culturales de estos años, como la pintura, la literatura, la ciencia y, por supuesto, la filosofía. En síntesis, lo que se hace es definir el dogma, lo que equivale a tener una opinión monoteísta y propia de las cosas (hasta el punto de que los herejes son aquellos que presentan algún tipo de divergencia al dogma). En este sentido, algunos traductores hicieron verdaderos esfuerzos por tratar de encajar el pensamiento de los “paganos” Platón y Aristóteles con el cristianismo, los cuales sufrieron reinterpretaciones más o menos discutibles por parte de unos y otros2. Y si Agustín de Hipona ha pasado como el que mejor supo adaptar la doctrina platónica a los nuevos tiempos, Tomás de Aquino, por su parte, se preocupará por difundir la enseñanza aristotélica y darle una dimensión especial, lo que no le resultará nada fácil dentro del ambiente opresor en el que se mueve.
Corriente estoica. El estoicismo fue la filosofía más influyente en el Imperio romano durante el periodo anterior al ascenso del cristianismo, quizá porque permite al cristianismo a superar su primera gran crisis, motivada porque el mundo no se acababa. Los estoicos, como los epicúreos, ponían el énfasis en la ética considerada como el principal ámbito de conocimiento, pero también desarrollaron teorías de lógica y física para respaldar sus doctrinas éticas. Su contribución más importante a la lógica consistió en acuñar el silogismo hipotético como un método de análisis. Sostenían que toda realidad es material, pero que la materia misma, que es pasiva, se distingue del principio activo o animado, logos, que concebían tanto como la razón divina y también como un tipo sutil de entidad material, un soplo o fuego que todo lo impregna, tal como el filósofo griego Heráclito había supuesto sería el principio cósmico. De acuerdo con los estoicos el alma humana es una manifestación del logos. Mantenían que vivir de acuerdo con la naturaleza o la razón es vivir conforme al orden divino del universo. La importancia de esta visión se aprecia en la parte que el estoicismo desempeñó en el desarrollo de una teoría de ley natural, que influyó poderosamente en la jurisprudencia romana. La base de la ética estoica es el principio, proclamado antes por los cínicos, de que el bien no está en los objetos externos, sino en la condición del alma en sí misma, en la sabiduría y dominio mediante los que una persona se libera de las pasiones y deseos que perturban la vida corriente. Las cuatro virtudes cardinales de la filosofía estoica son la sabiduría, el valor, la justicia y la templanza, una clasificación derivada de las enseñanzas de Platón. Un rasgo distintivo del estoicismo es su vocación cosmopolita. Todas las personas son manifestaciones de un espíritu universal y deben, según los estoicos, vivir en amor fraternal y ayudarse de buena gana unos a otros. Mantenían que diferencias externas, como la clase y la riqueza, no tienen ninguna importancia en las relaciones sociales. Así, antes del cristianismo, los estoicos reconocían y preconizaban la fraternidad de la humanidad y la igualdad natural de todos los seres humanos.
Evolución cultural hasta el siglo XIII (en síntesis). Ya en el reino visigodo (siglos VI-VIII) algunos intelectuales, como el obispo de Cartagena, que quejaban de la incultura generalizada, a pesar de contar con obras de derecho y restos arqueológicos de estimable valor. Aunque se vieron signos de cambios, como la ilustre figura de Isidoro de Sevilla (sin duda alguna el más grande de los intelectuales bárbaros, hasta el punto de que la difusión de su obra en el medievo sólo fue superada por la Biblia), la primera gran revolución cultural se produce, cronológicamente, bajo el reinado de Carlomagno (768-814), la cual influirá en zonas de Europa hasta entonces marginadas del pensamiento. Conviene matizar que se trata de una renovación impulsada por y para el poder, pues el emperador necesitaba reclutar a hombres que supiesen leer y escribir para que trabajasen de funcionarios y administradores. Es un momento en el que se va a producir una recuperación de la cultura clásica (en especial del latín literario, al que se dará una orientación cristiana), pero también estará presente la llamada “cultura popular” (y un síntoma de ello es que el propio Carlomagno sólo hablaba en germánico), que obligará la copia y difusión de manuscritos en lenguas vulgares. En el período que va del siglo IX al XII existe un cierto decaimiento de las manifestaciones culturales, en buena medida motivado por culpa de las segundas invasiones bárbaras, que produjeron un fuerte impacto en la actividad intelectual de estos años. Una de las consecuencias positivas de estas invasiones será el incremento de la actividad cultural en zonas periféricas, así como una mayor presencia del mundo islámico en el pensamiento europeo. A partir del siglo XI, la revolución agraria permite una cierta estabilidad política, económica y social que propiciará un fuerte desarrollo de las traducciones (Escuela de traductores de Toledo). La separación entre el pensamiento teológico y el filosófico se producirá entre los siglos XI-XII, cuando una serie de intelectuales plantean dudas distintas a las religiosas, sin por ello abandonar su fe y su cristianismo. La figura más importante en este sentido es Pedro Abelardo, autor de una serie de obras metafísicas que supondrán una ruptura con la etapa anterior, así como un claro antecedente de la futura orientación cultural: en el énfasis que puso en la discusión dialéctica, Abelardo seguía al filósofo y teólogo Juan Escoto Eriúgena y precedía al Tomás de Aquino. Su principal tesis dialéctica es que la verdad debe alcanzarse sopesando con rigor todos los aspectos de una cuestión. Los siglos XIII-XIV van a suponer la definitiva consolidación de la cultura con los intereses políticos y económicos, materializándose, por ejemplo, en el surgimiento de las primeras universidades, creadas por iniciativa de los estudiantes. También se mantiene una traducción de obras griegas e islámicas muy importante (las lenguas vernáculas, por su parte, triunfarán en el saber científico) y la separación entre el pensamiento filosófico y el teológico es cada vez mayor, pues si por algo se caracteriza el siglo XIII es por abandonar definitivamente la perspectiva bíblica (algo a lo que contribuyó en grado sumo la formación universitaria). Este será el escenario donde Tomás de Aquino desarrollará su pensamiento3. No nos detendremos en los datos de su vida (que, por lo demás, pueden consultarse en cualquier enciclopedia), sino a la obra que centró la conferencia: La monarquía.
El pensamiento político de Tomás de Aquino. Prácticamente se halla condensado en La monarquía (1265-1267), una obra no muy extensa que escribió en medio de la Suma contra Gentiles (1261-1264) y la Suma teológica (1265-1274) y que muchos han bautizado de menor, a pesar de que el mismo Tomás de Aquino la presentaba como la cuarta o quinta más importante de su producción. En ella trata de explicar la relación entre pensamiento y realidad política, que no siempre van unidos, estableciendo cuatro diferencias respecto al modelo aristotélico4, a saber:
a) Importancia de la familia, la comunidad y el reino, de manera que la ciudad pasa a ocupar un lugar secundario.
b) Importancia de la paz. Mientras Aristóteles parece resignado a la pervivencia del conflicto, para Aquino resulta inconcebible el ideal cívico en una guerra constante.
c) Idea de una comunidad de reinos (Aristóteles no contempla esta posibilidad, porque para él la única manera de unificar los reinos es mediante la guerra).
d) El ejercicio de la política entendido como un oficio. Aquino traslada la responsabilidad ficticia del pueblo en la elección del monarca a aquellos que realmente lo han designado como tal. Y para este ocupar este puesto no caben medias tintas: o se vale o no se vale.
Aunque se vea de forma más visible en “las sumas”, Tomás de Aquino sí que compartirá con Aristóteles la distinción que éste hace entre la democracia, la forma mala del gobierno de los muchos, y politeia, su contrario, la forma buena. El filósofo griego creía que las democracias caerían en un periodo de turbulencia e inestabilidad porque los pobres, que según su pensamiento se convertirían en la mayoría, intentarían conseguir una igualdad social y económica que ahogaría la iniciativa individual. Por el contrario, la politeia, con una clase media capaz de resolver con justicia conflictos entre ricos y pobres, permitiría el gobierno de los muchos sin los problemas y el caos asociados con los regímenes organizados. En este sentido, Aquino se distanciará de Platón.
En su búsqueda por lograr un equilibro entre lo moral, lo jurídico y lo político, Aquino tendrá muy presente a Pedro Abelardo, en especial su defensa del control de los actos humanos —la justa medida— para poder valorar de forma interna y externa el bien y el mal5. En este sentido, Aquino caracterizará al político como la figura capaz de sintetizar puntos de vista divergentes y cohesionar el poder (utilizando para ello la metáfora del rey pastor) con el fin de que el sumiso pueblo medieval sepa ver en él un signo de estabilidad, lo cual supondrá, a su vez, la permanencia o desaparición del propio político. Esta cualidad de saber estar por encima del honor y la notoriedad social que Aquino exige al poder político, en última instancia no persigue más que una única meta, que no es otra que la propia felicidad humana: o lo que es lo mismo, la relación de vida buena con vida virtuosa que ya expuso Aristóteles. Sin embargo, el mismo Aquino plantea, a su vez, los distintos impedimentos que frustran la posibilidad de llevar a cabo su proyecto político, a saber: la mutabilidad del ser humano, a la que podemos sumar los condicionantes que materialicen la idea de felicidad (no todo el mundo necesita las mismas distracciones para que su vida sea más agradable); la maldad de algunas voluntades dentro de la comunidad, que siempre estarán presentes y, por último, el obstáculo permanente para poder llevar a cabo una vida buena y que no es otro que la guerra.
1Constantino adoptó el catolicismo en el siglo IV porque era la única forma de atar el maremágnum de aquellos años. Una circunstancia que será hábilmente aprovechada por la Iglesia.
2Pese a que el neoplatonismo ejerció alguna influencia, especialmente sobre algunos pensadores islámicos primitivos, lo cierto es que Platón fue una figura mucho menos importante que Aristóteles. Aunque al principio de este periodo la mayoría de la obra aristotélica se había perdido en Europa, buena parte de ella fue descubierta a partir del siglo XII por los musulmanes, que habían entrado en contacto con la filosofía griega en el curso de la expansión del islam.
3Sin embargo no será el único autor célebre que dará el siglo XII, pues a su nombre debemos sumar, por ejemplo, los del poeta castellano Gonzalo de Berceo (1198-1264), el científico inglés Roger Bacon (1214-1294), el teólogo italiano san Buenaventura (1217-1274) y el otro gran pensador de su tiempo, el mallorquín Ramón Llull (1232-1316).
4Pese a que Aristóteles es la influencia más directa, Tomás de Aquino también tuvo otros referentes, como Platón, Agustín de Hipona o Pedro Lombardo.
5No obstante, conviene aclarar que en lo referido al aspecto político Pedro Abelardo era partidario de castigar públicamente las acciones pecaminosas. Esto demuestra que, a pesar de ser un avanzado para su tiempo, no pudo despojarse del predominio de lo político sobre lo individual (para que esto se produzca habrá que esperar hasta Petrarca). Aquino, por su parte, concebirá las ecuaciones “individualidad = racionalidad + libertad” y “sociabilidad = racionalidad + lenguaje”.

viernes, septiembre 15, 2006

Magnolia, de Paul Thomas Anderson (el Aula de Cine de la ULL la proyectará en octubre)

Empecemos por el principio; si no recuerdo mal, mi predilección por las anécdotas data de la dulce y trágica época escolar, ya que en estos años inciertos nada me agradaba tanto como escuchar a un compañero o compañera de una u otra clase narrar sus experiencias vitales o exponer sus reflexiones mientras recorríamos el patio o nos amodorrábamos en alguna esquinita silenciosa, lejos del ruido que provocaban los demás cuerpos en movimiento, sumidos por lo general en juegos vacuos y socializadores (aún a día de hoy mi postura en la vida continúa siendo la del oyente secundario, una actitud un tanto imperdonable en unos tiempos donde el modelo de éxito y competitividad que nos ha sido impuesto obliga a que acaparemos siempre el protagonismo absoluto): en cuanto veía que el discurso de una persona se me quedaba pequeño, iba en busca de otra que me entretuviese con el cuento deseado y deseante, y así sucesivamente.
Gracias a este curioso pasatiempo de la infancia (el cual, por otro lado, me dejaba sin muchos amigos, pues en el fondo no hacía más que exprimirlos) puede decirse que se desarrolló mi interés por las historias cruzadas y sin un argumento que obedeciese al clásico esquema de “principio + nudo + desenlace” ya que, tal y como sentenció Camilo José Cela, en la vida no existen los argumentos por la sencilla razón de que nuestro entorno cotidiano se basa única y exclusivamente en las reacciones humanas, o lo que es lo mismo, en los impulsos, sentimientos e ideas que nos llevan a maniobrar de una manera determinada y no a la inversa. Los psicólogos Miriam y Otto Ehrenberg terminarían por perfilar dicha idea con la siguiente afirmación: “En la búsqueda científica [y recordemos que hoy día la ciencia es quien tiene la última palabra sobre todo: ahí tenemos el ejemplo de la serie House] las personas han llegado a sobrevalorar lo que se denomina pensamiento puro y lógica fría y a menospreciar las emociones como una influencia negativa en lugar de aceptarlas como una fuerza necesaria y positiva”. Luego, queda claro que la razón y la pragmática no son quienes controlan las vueltas que da la vida, y así debió de entenderlo Paul Thomas Anderson (el director más interesante del reciente cine yanqui junto a Quentin Tarantino, otro maestro del relato corto) cuando escribió el guión de Magnolia, una película–río que comienza con ¡sorpresa! tres breves relatos que inciden en la casualidad y las acciones no calculadas. A partir de estos ejemplos, la película desarrolla una multiplicidad de tramas en torno a una compleja serie de personajes, a saber: un productor de televisión en el umbral de la muerte (Jason Robards), su joven y desolada esposa (Julianne Moore), su enfermero (Philip Seymour Hoffman) y su hijo perdido (Tom Cruise); el veterano conductor de un programa de preguntas y respuestas (Philip Baker Hall), su conflictiva hija (Melora Walters), un policía que se enamora de ella (John C. Reilly) y, finalmente, a un niño prodigio (Jeremy Blackman) y un ex niño prodigio (William H. Macy), ahogados en sus respectivos traumas.
Esta es la propuesta de un guión no demasiado brillante en diálogos, con lo que parece cumplirse el juicio de Josep Pla sobre la banalidad que salpica a toda convivencia humana, ya que, en última instancia, “la relación banal es positiva y relajante, contribuye a mantenerse en aquel punto de confusión mental que es indispensable para tener una buena salud e ir tirando en la vida”. Pero que el guión carezca de unos diálogos memorables no implica que el director no eleve su película a una categoría superior, y a ello contribuye sin duda el hábil uso del montaje (más cercano al cine de Oliver Stone que al del maestro natural de Anderson, el deteriorado Robert Altman) y la decidida voluntad de que Magnolia sea una obra coral (el protagonismo, algo inusual en el cine de hoy, es compartido). Mención especial merece la fantástica elección de Aimee Mann para interpretar los temas de la banda sonora: su voz cálida y tristona recorre como un camaleón esta —insistimos— notable reflexión sobre la soledad y miserias humanas provocadas por la falta de sinceridad con la que la gente afronta la vida. ¿Se puede pedir más?

jueves, septiembre 14, 2006

San Agustín: filosofía de la historia

Jueves 27 de abril. A las tres y media de la tarde da comienzo en el salón de grados de la Facultad la primera de las conferencias dedicadas a la filosofía medieval. Por lo que tengo entendido, la iniciativa nació de la voluntad de un grupo de alumnos —dos, para ser más exactos— empeñados en subsanar de alguna manera el perverso olvido con el que los programas de estudio de la Facultad tienen enclaustrado el pensamiento del medievo. El autor que inaugura este suculento curso es san Agustín de Hipona, y la conferencia corre a cargo de la mismísima decana de la Facultad de Filosofía, la incombustible Ángela Sierra González, en un gesto que, a todas luces, le honra como persona. Con la sala llena hasta algo más de la mitad (un veterano a estos actos me confirmó que el público asistente es mayor que en otras ocasiones), la decana (impecablemente vestida de un traje gris pálido y con un juvenil pañuelo atado alrededor del cuello) comienza su intervención, de la que pudimos extraer lo que sigue.
Acerca del autor. Lo primero que la decana se empeña en aclarar lo difícil que resulta desligar la utopía del pensamiento durante la larga época medieval (siglos V-XV), ya que la filosofía de estos años hace referencia a una rigurosa investigación de las abstracciones y no al estudio de las complejidades, consistentes en opiniones sobre la naturaleza de las cosas o acerca de cómo debería vivir el ser humano. En este sentido conviene tener muy presente que las principales fuentes de la filosofía medieval fueron, además de los autores clásicos, las religiones cristiana, judaica e islamista. Y el primero en practicar este nuevo método filosófico-teológico no será otro que Agustín de Hipona (354-430), uno de los más notables representantes de la primera filosofía cristiana (movimiento que tuvo una muy corta duración, en buena medida por culpa del propio Agustín, ya con él nace el cristianismo jerarquizado) y autor de una prolija obra escrita a lo largo de más de cuarenta años, entre las cuales hay dos que brillan con luz propia sobre las demás: su autobiografía, Las confesiones (397-401), donde narra sus primeros años y su conversión y, sobre todo, La ciudad de Dios (413-426), en la que formuló una filosofía teológica de la historia. En torno a esta segunda obra giró el contenido de la conferencia1.
“La ciudad de Dios” y su contexto. Auténtico paradigma de la utopía, así como de las relaciones entre la Iglesia y el Estado (en concreto la intromisión de la primera sobre el segundo), la obra representa una original síntesis entre los principios doctrinales del cristianismo y la herencia de la filosofía clásica. No hay que olvidar que Agustín de Hipona conoció la decadencia del Imperio romano y el inicio de la edad media y, de hecho, la obra fue escrita para responder a la crítica que los romanos no cristianos hacían a los cristianos, a quienes culpaban de la caída del Imperio por haber promovido el abandono del culto a los dioses romanos. Agustín de Hipona no aceptaba esta crítica y pensaba que el ocaso del Imperio romano se debía a otras causas más profundas, tales como la decadencia moral de Roma y el rechazo de los principios de vida que el cristianismo instauró (su conclusión es que el Imperio no es indispensable para el avance cristiano, pero tampoco debe representar un obstáculo). De este modo, La ciudad de Dios se erige en una reflexión sobre el Impero, así como en una alabanza del valor del cristianismo como única religión verdadera y en un reconocimiento de la providencia divina que permitió la gloria de Roma y su decadencia posterior. Redactada entre el 413 y el 426 en latín, la obra consta de 22 libros. Puesto que no sólo se trata de responder a una crisis de conciencia, los 10 primeros son una crítica de las prácticas pasadas, pues se dedica a polemizar sobre el panteísmo. En cuanto a los 12 restantes, en ellos hace un recorrido teológico de la historia, ocupándose en detallar el origen, destino y progreso de la Iglesia, a la que considera como oportuna sucesora del paganismo. Estos 12 libros fueron el vértice de la conferencia.
El Imperio, la política y la justicia. Para Agustín de Hipona el Imperio debe ser fundamentalmente neutro, y basa su argumento en la idea de que ninguna estructura es santa o diabólica en sí misma, sino que depende de la fe. Con esta afirmación Agustín de Hipona deslegitima el papel del Imperio y cierra la posibilidad de que éste pueda tener un papel providencial (como lo tendrían en el futuro España o Inglaterra), pues ello significaría el fracaso del cristianismo. La idea de que las estructuras sociales basan su existencia en los buenos propósitos y voluntades le lleva a plantear como realidades políticas Babilonia (el Estado) y Jerusalén (la Iglesia en la tierra celestial). Sin embargo, estas dos ciudades no son vistas como equivalentes, ya que en ambas pueden existir el bien y el mal (siempre ligados al ámbito de lo político), en especial Babilonia. Según Agustín de Hipona, todas las sociedades humanas son una combinación de estas dos ciudades (el bien y el mal), y su objetivo no es otro que el de confeccionar una filosofía de la historia cargada de elementos teológicos. En este contexto el objetivo último de la política (la cual existe porque existe el pecador) es evitar el caos, de ahí que el rol de las instituciones sea el de minimizar el desorden por medio de las acciones pacificadoras. Aquí la influencia de Platón es muy notable, hasta el punto que Agustín de Hipona parece “cristianizar” algunas de las tesis del platonismo clásico2. Mientras para el pensador griego el fin de la política debía consistir en su propia universalización, Agustín de Hipona contempla la justicia como el paso previo para llegar a la res pública. El problema es que la justicia proviene de Dios, de lo cual deduce que cuanto más se acerque la política al mandato divino, más cerca estará de Dios (por lo tanto, de la justicia). El esquema consiste en redefinir la república romana de Cicerón, aunque en este caso el análisis se salda con una visión muy pesimista, dado que para Agustín de Hipona la sociedad nunca alcanzará la verdadera justicia con la política de por medio.
El concepto de “gloria”. Así pues, queda apuntado que los sistema políticos son, en mayor o menor medida, una banda de ladrones y que para dejar de serlo hay que aproximarse al concepto divino de justicia; por este motivo señala como único ideal de convivencia la ciudad de Dios, ya que la ciudad de los hombres será el lugar que nos conduzca a la justicia o a la reconciliación. El Estado justo sólo puede ser un Estado cristiano y esto sólo puede conseguirse con una Iglesia esforzada en que el uso de la política sea un uso noble. Para ello se sirve del concepto de gloria, que la tradición legendaria de reyes y héroes ligaba al éxito en la guerra y al reconocimiento público. Para Agustín de Hipona ésta es una falsa gloria, porque la gloria que debe representar la ciudad de Dios es la de las buenas acciones, luego la que es superior desde el punto de vista moral y social al propio Estado. En este sentido, es evidente el papel de superioridad de la Iglesia como guía de la política y, por extensión, de la historia. Y para que esta relación tenga buenos resultados, la función de la autoridad política será la de reprimir a los que se rebelan contra la autoridad religiosa. Así, todos los brazos coercitivos tendrán el mismo objetivo, que no es otro que el de controlar a los injustos (la cuestión es si este control implica represión o no), ya que Agustín de Hipona entiende que la herejía forma parte del mal humano (justifica el castigo en el hecho de que es imposible erradicar el mal, que incluye al propio ejercicio político). La auténtica aspiración de Agustín de Hipona es conseguir un orden apolítico, carente de coerción y autoridad, pero sabe que esto es imposible, porque el mal forma parte de la historia. Así las cosas, el papel de la política se presenta, pues, como un mal menor. Algunos autores han señalado esta actitud de pesimista, aunque desde luego no es Hobbes (para quien el conflicto es la autonegación del otro). Antes que hablar en términos de pesimismo o positivismo, lo que hace Agustín de Hipona es acercar a la sociedad humana al espacio de la redención por medio de la represión. En cualquier caso, conviene distanciarlo del futuro papel que desempeñó la Inquisición, ya que si critica a la política es porque la considera injusta y ve a la Iglesia más cerca de la justicia (antepone los valores a los intereses, pues su intención no es que la Iglesia haga política, sino que la guíe).
Valoraciones. Es importante advertir que, más allá de la estructura narrativa de la obra (escrita en un estilo llamativo por su sinceridad y su belleza), Agustín de Hipona tuvo muy en cuenta las disputas teológicas de su tiempo y criticó las posturas de determinados filósofos, en especial las mantenidas por seguidores del maniqueísmo. Todo el libro se encuentra lleno de referencias a la Biblia y se inspira, especialmente, en el Evangelio según san Juan, en los distintos escritos de san Pablo, así como en las aportaciones de los apologistas cristianos Orígenes y Tertuliano
1Que La ciudad de Dios representa una de las más importantes obras de filosofía de carácter cristiano de la historia lo demuestra su influencia en los siglos posteriores, llegando a marcar algunas de las más importantes disputas teológicas medievales. Así, fue ampliamente utilizada por los más importantes representantes del humanismo y de la Reforma del siglo XVI, quienes encontraron en sus páginas la imagen ideal de la Iglesia y de la sociedad cristiana. Incluso el actual papa, Benedicto XVI, eligió este libro como tema de su tesis doctoral.
2Mientras Platón reclama que ética y política vayan unidos, Agustín propondrá la suma religión + política, aún a sabiendas de que ésta sea un ejercicio de lo corrupto.

miércoles, septiembre 13, 2006

Frases de Antonio (Días de cine) Gasset

Este individuo debe tener complejo de Groucho Marx, de lo contrario no se entiende el amplio repertorio de frases ingeniosillas con el que obsequia a su entregada y trasnochadora audiencia semana tras semana. Amigo íntimo de Carlos Boyero (del que hablaremos en los próximos días), ahí van algunas de las ocurrencias vertidas por don Antonio:
"Llega el momento de la publicidad, disfrutad del cine si podéis. Si no, también tenéis la música, la literatura o incluso la historia, a no ser que queráis ser presidente del Gobierno."
"Y llegamos a la pausa en este programa del que tan orgullosos nos sentimos. No así de algunas compañeras de la 7ª planta de Torrespaña que fuman saltándose la norma que tanto nos beneficia a todos."
"Les deseo que pasen una buena semana, sea lo que sea lo que hayan decidido hacer, incluso si es de Nazareno auto flagelante."
"Servidor se confiesa seguidor de Philip K. Dick, quizás por ello me he convertido en un trastornado."
"Aprovechen la pausa para revisar su agenda de amigos, encontraran que han malgastado su preciado tiempo y paciencia en conocer a un montón de ineptos, no se corten, cojan un boli y táchenlos."
"Durante la pausa publicitaria, rezaré con la esperanza de que ninguno de sus hijos se haya presentado al casting de Operación Triunfo."
"Jeunet es el director de ese engendro, película para algunos (estaban equivocados), ladrillo para otro (estábamos en lo cierto) que fue Amelie."
"Nos vamos con la esperanza de que ninguno se deje llevar por los fanatismos religiosos, políticos o sexuales: los primeros por no llevar a nada, los segundos porque el objeto de deseo suele ser un idiota de renombre y los últimos por las continuas frustraciones."
"Antes de despedirme, felicitar a todos los barcelonistas por el reciente titulo de liga conseguido por mi equipo. En esta vida hay pocas cosas tan grandes como el Barcelona."
"Llego la pausa, evitar cambiar de canal en estos minutos no vaya a ser que os encontréis con esa mujer con ansias de fama, exhibiéndose en publico, justificando un frío asesinato." (Se refería a la mujer que ayudo a morir a Ramón Sampedro, reconociendo su responsabilidad en un programa de la tele)
"Ahora vamos con "El señor de los anillos", película basada en un famosísimo libro... que yo no me he leído. Sin embargo, les diré como anécdota, que algunos de mis amigos tienen, en una estantería totalmente vacía, junto con su foto de sus vacaciones en Calasparra, un ejemplar de "El señor de los anillos".
"Llego la hora de la pausa... espero que puedan contener durante unos minutos los impulsos sexuales de vuestras parejas... si no puede ser, no puede ser... en cualquier caso volveremos después de la publicidad con el sector mas casto de la audiencia."
"...Lo mejor del festival de Venecia, mi acompañante, aunque por desgracia este enamorada de otro."
"...Soy consciente que a la hora de emisión de mi programa solo puede ser visto por un puñado de poli toxicómanos insomnes."
"Tan guapa actriz como mala la película que ha venido a promocionar."
"Ben Affleck es a la buena interpretación lo que un pepinillo cocido a la alta cocina."
"Se estrena estos días la película El último samurai, protagonizada por el ex-marido de Nicole Kidman, único dato destacable de este actor llamado Tom Cruise."
"Vamos a una pausa publicitaria, que será tan corta como el sueldo del presentador."
"Para ir al cine con esta cartelera hay que tener coeficiente intelectual negativo."
"Hasta el próximo programa. No sabemos ni qué día ni a qué hora nos pondrán, de modo que estén atentos."
"Veamos el reportaje de Mar adentro que ha realizado mi compañero y amigo Alberto Bermejo, el único de todo el equipo al que le ha gustado la película."
"Nunca se fíen de algo que sangra durante cuatro días y no se muere."
"Y ahora, si nos perdonan, vamos a hablar de cine español."
"Es incuestionable que Kill Bill es una virtuosa obra de dirección. Lo que es cuestionable es si es algo más."
"Sed buenos, y si por lo que fuera no podéis, seguid siendo malos, la diferencia es mínima."
"Quiero aprovechar, como amante de la Fórmula 1, para felicitar al corredor alemán Michael Schumacher por su triunfo en el Gran Premio de San Marino. Da gusto ver en lo más alto del podium a personas ni fatuas, ni engreídas, ni desagradecidas. Espero que continúe la racha."
"Hola, buenas noches. Hoy les hablo desde Torrespaña en Madrid, más conocido como el pirulí, que con su forma fálica es un símbolo de la modernidad de esta ciudad. Como modernas también son las vidrieras de la Catedral de la Almudena y las pinturas del altar de un tal Kiko no sé qué. Por cierto, igual de horribles que algunas películas."
"Sé que aguantaran a estas altas horas de la noche el momento de publicidad ya que al regreso tenemos un especial del salón del cine erótico de Barcelona…."
"¿Qué seria de nosotros sin un país inteligente como es Francia?"
"Cuando vuelvan de la publicidad me habré desnudado y me tiraré al mar (En Cannes)". Evidentemente a la vuelta de la publicidad dio su explicación: "Era un patético intento por mantener la audiencia....."
"La verdad es que hay días que no sé dónde refugiarme políticamente."
"Ahora pueden ustedes hacer un montón de cosas aprovechando los interminables minutos de publicidad."

martes, septiembre 12, 2006

Reflexiones de un fin de semana

Hace cosa de dos semanas, fui de acampada con los compañeros del trabajo; lo que voy a relatar en las siguientes líneas, no será, pues, una visión objetiva de los hechos, ya que se trata de mi visión (¡cuándo aprenderá el personal que el mundo nunca se aborda objetivamente!).
Pero empecemos por lo básico: la lista de los víveres, la cual incluía tres botellas de ron, una de whisky, cincuenta cervezas y, por supuesto, carne, mucha carne. En un principio yo me mostré reacio a ir, pues los recuerdos que tengo de otras acampadas son, a mí entender, bastante amargos, sobre todo por la aflicción que me provocaron los personajillos indignos y bellacos de los que me rodeaba en aquel entonces (ya hablaré en el futuro, en alguna parte, de esta “época oscura” de mi biografía). Al final cedí, pero no por participar de la borrachera deseada y deseante de los demás, sino para poder penetrar en esos rincones de la isla que ignoro por completo, y en ese sentido debo reconocer que se trataba de una oportunidad de oro. Dado que esto, dicho así, puede parecer la aburrida justificación de un viejo, vamos a especificar un poco. Vivimos en una isla, pero mucha gente aún no ha llegado a comprenderlo, de lo contrario es imposible de explicar que nunca salga del eje Santa Cruz-La Laguna o, en su defecto, Santa Cruz-Candelaria. Al menos así era antes, y al menos así lo entendieron mis progenitores legales, con los cuales sólo cruzaba el túnel de Güímar las veces en que debíamos coger el avión en el aeropuerto Reina Sofía. Así pues, de lo que trato ahora es de romper con el entorno cerrado (¡en una isla, que ya de por sí es cerrada y asfixiante!) en el que me movía: ¿qué la oportunidad se presenta con los cuatro (en realidad son nueve) elitistas del curro?: ¡pues adelante! Yo lo que quiero es explorar un poco la geografía que me fue vetada en mi niñez, contemplar los paisajes y las gentes que conforman lo que en realidad es Tenerife, pues a estas alturas sobra decir que la imagen más engañosa de la isla es la que proyecta Santa Cruz y el centro de La Laguna.
Aterrizamos en la zona (cerca del Teide, esa montañita por la que la gente de fuera nos suele citar) de noche, y lo cierto es que no vale la pena hablar más de esa primera toma de contacto: comimos, bebimos y pusimos música de la de antes (culpa mía). Nada más. Recuerdo que esa noche dormí bien, con la conciencia tranquila.
A la mañana siguiente me levanto temprano y me pongo a charlar un buen rato con las chicas. Hablar con mujeres es muy agradable, sobre todo cuando la atracción física no pisa el terreno intelectual (es que a mi me cuesta un montón disimularlo). Para ilustrar mejor esto que digo, vamos a reproducir un divertido diálogo de la película “Cuando Harry encontró a Sally”:
—HARRY: Por supuesto te darás cuenta de que nunca podremos ser amigos. Quiero decir que los hombres y las mujeres nunca podrán ser amigos porque siempre se interpone la parte sexual.
—SALLY: Estás equivocado; yo tengo muchos amigos varones y para nosotros el sexo no cuenta para nada.
—HARRY: No es cierto; sólo tú crees que es así.
—SALLY: ¿Insinúas que me acuesto con todos mis amigos sin ni siquiera saberlo?
—HARRY: No: lo que insinúo es que todos ellos quieren acostarse contigo.
—SALLY: No es cierto.
—HARRY: Sí, sí lo es.
—SALLY: ¿Y tú cómo lo sabes?
—HARRY: Porque ningún hombre puede ser amigo de una mujer a la que encuentre atractiva: siempre quiere acostarse con ella.
—SALLY: O sea que según tú un hombre sólo puede ser amigo de una mujer si no la encuentra atractiva.
—HARRY: No, tú también puedes querer acostarte con ellos.
—SALLY: ¿Y qué pasa cuándo no quieren acostarse contigo?
—HARRY: Eso no importa, porque el sexo siempre está presente, por lo que la amistad se ve condenada, y ése es el fin de la historia.
Con las chicas hablo, sobre todo, de adolescentes embarazadas y del difícil mundo laboral que nos espera; al menos una de estas dos obsesiones puedo entenderla.
Observo a la gente y veo la misma mierda de siempre, esto es, el maldito provincianismo en el que nos regocijamos a diestro y siniestro sin pestañear: papas, gofio, carne, alcohol y, sobre todo, hablar de banalidades, muchas banalidades. Parece interesar sólo la superficie, nada de esencias ni profundidades. Al final, algunos concluyen su retahíla con el siguiente mensaje: que Canarias es la cima de Universo, y que no se entiende cómo el resto de la humanidad puede perderse la grandiosidad de todo lo canario. En fin, para qué seguir…
Pero seamos justos: en el fondo, estos hombres y mujeres a los que me refiero no son malas personas: simplemente, se han dejado arrastrar por el confort anglosajón que nos ha sido impuesto y en ese proceso de adaptación han perdido sus propias señas de identidad, con lo cual lo que hacen no es más que mandar al sumidero las esperanzas que tiene toda sociedad para poder ser más justa y más libre, en la que el hombre no sea lobo para el hombre, y en la que los jefazos de las empresas y la industria puedan explotar a la masa bajo amparo de un sistema económico y político corruptos que les favorece. Eso es todo.
Al caer la noche, tiene lugar un suceso inesperado y agradable, aunque pensar esto último signifique disentir en grado sumo de la opinión mayoritaria que el resto de mis compañeros guardan para sí. La culpa del asunto la tiene el motor de gasolina que se trajeron para dar luz, armonía y felicidad a nuestra gris existencia nocturna: beber a oscuras o con linternas (porque eso es lo único que, al parecer, se tenía pensado para la noche) podía resultar muy soso, así que la solución pasaba por inundarlo todo de luz, mucha luz. Pero, ah, cometieron el error de pasar por alto un pequeño (gran) detalle: las leyes forestales, que están ahí, ocultas tras los pinos, esperando a que alguien las ignore, tal y como hicimos nosotros. Así que sucedió lo irremediable, esto es, que un guardia cuarentón pero de apariencia juvenil, con un llamativo pendiente en la oreja izquierda, nos prohibiese tajantemente el uso del motor de gasolina, prohibido como está en los parajes protegidos. La gente asintió, pero nada más irse se oyó una frase que recogía muy bien el sentir general de los afectados:
—Me cago en todos los putos verdes de mierda. Y en los rojos también. Coño, que lo único que saben hacer es estar en contra de todo y en dar por culo.
Dije más arriba que me agradó esta amonestación por lo que trajo consigo, esto es, que la gente no se limitase a la bebida y nada más (que es lo se hizo la noche anterior), en plan borrachera colectiva tipo La Laguna y demás similares, ya que al fin y al cabo no podíamos olvidar que nos encontrábamos en medio del bosque y que a oscuras daba morbillo hacer varias cosas… que la gente, por desgracia, no estaba dispuesta a hacer. Se acabó el motor, se acabó todo. Así de simple. Hablamos, eso sí, creándose un ambiente íntimo y humano, de esos que ya no se ven, al menos por aquí; de hecho, el último del que yo tengo constancia fue el que tuvo lugar la semana mítica en que estuvimos sin luz en el barrio por espacio de una semana, lo cual obligó a la gente a bajarse la guitarra, a cantar, a hacer juegos, y a no cumplir con los absurdos compromisos sociales que, a la hora de la verdad, no sirven para nada salvo para fardar. Así pues, puede decirse, que esa noche, a oscuras, fuimos, simplemente, personas (a algunos parece que les da miedo serlo).
Al día siguiente estábamos tan aburridos que terminamos hablando de política y de trabajo. Llegué a casa a eso de las seis, y al asomarme por el balcón me encuentro con el siguiente panorama:

¡Y pensar que hasta hace no mucho pensaba que todo Tenerife se hallaba concentrada en esta mísera imagen!

sábado, septiembre 02, 2006

El paraíso según Adán...

"El Paraíso según Adán: veinticinco años de caciquismo autonómico" es una recopilación de artículos de Ramón Pérez Almodóvar y José M. Castellano Gil, (periodista uno e historiador el otro), los cuales hacen un exhaustivo repaso a la "anormal" situación política y cultural del Archipiélago Canario. Sus autores han sufrido las iras del poder, en lógica coherencia, con el panorama de control asfixiante que denuncian en su libro. José M. Castellano Gil, doctor en Historia, que estuvo durante los años 1999 y 2000 al frente del Museo de Historia de Tenerife, se enfrenta a un expediente disciplinario por la publicación del libro. Por su parte, el periodista Ramón Pérez Almodóvar, fue cesado de redactor jefe de la Agencia Canaria de Noticias por denunciar en febrero de 2004 una actuación irregular de los dirigentes de Coalición Canaria en Tenerife.
Leyendo este libro podremos saber cómo "funciona" el gobierno canario. Gastando 3.600.000 euros en una campaña para decir a los ciudadanos que eran canarios o estableciendo lo que llaman una Reserva de Inversiones de Canarias (RIC), que no es otra cosa que los empresarios solo tributarán por el diez por ciento de sus beneficios por lo que, según nos cuentan los autores del libro, el pasado año ya se habían ahorrado 12.300 millones de euros en impuestos. El presidente autonómico participará en empresas que reciben subvenciones del propio gobierno y concesiones públicas de administraciones gobernadas por su mismo partido. Se podrá decir a los cuatro vientos que un instituto tecnológico ha recibido un premio internacional aunque sea mentira y conceder premios a trabajos inéditos de investigación que ya se han publicado tres veces. En Canarias tampoco hace falta que los empresarios paguen el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales o los Actos Jurídicos Documentados. Las arcas públicas ya buscarán llenarlas subastando su voto en Madrid, llorando a Bruselas o denunciando la "herencia dolorosa", la deuda histórica o el genocidio guanche. Una buena plantilla de periodistas en gabinetes de comunicación, una adecuada política de contratación de publicidad en los medios locales y los accionistas apropiados en los medios de comunicación garantizarán el control de todo los que se dice, se oye o se ve. La garantía del mantenimiento del poder se termina manejando mediante una ley electoral que obliga a conseguir un 30 % de votos en una isla o el 6 % en toda la región. Y una concejala de la oposición puede estar esperando indefinidamente a que le den la relación de personas contratadas por los distintos organismos municipales en puestos de libre designación y le digan cuánto cobran. Y si se trata de tener contento a un dirigente vecinal se contrata a su empresa para que dé una conferencia por 4.953 euros, aunque luego no haya constancia de que se realice pero sí de que se paga. También se puede contratar a un amigo para la sufrida labor de realizar una base de datos de Honores y Distinciones del municipio. Si queda algún cabo suelto en el entramado de poder se resuelve con la contratación a dedo de cientos de asesores, el cese de interventores municipales incómodos, plenos que despachan una docena de puntos en quince minutos y recesos cuando ven que la votación se puede perder. Para quien intente protestar hay subcontratas de limpieza que, custodiados por la policía municipal, eliminan los carteles que convocan a actos públicos. Y para que no estorben mucho los fiscales anticorrupción se les ahoga en asuntos ordinarios y precariedad de recursos. Para conocer todo esto, sirven libros como éste que nos ocupa. Y, siempre, denunciando la invasión de las islas por un centenar de africanos pobres, nunca por doce millones de turistas ricos. Pero eso no les impide desvelarse por la lucha con la pobreza organizando una conferencia de Bill Clinton en Tenerife para hablar de ella con un presupuesto de 300.000 euros. Seguro que mejoró mucha la situación de los 400.000 pobres que, según Caritas, hay en la comunidad autónoma canaria. Y si les preguntan por el ideario a estos políticos, bien claro está, lo dijo el presidente de Coalición Canaria, Paulino Rivero: "CC no es ni carne ni pescado, si es un potaje canario tenemos que ver con papas, bubangos y habichuelas". Ya aclaró en una entrevista en un periódico nacional que ellos pactaban en Madrid con quien pagara la dote que necesitan las islas. Y si hay que "mojarse" opinando sobre el Plan Ibarretxe, el presidente autonómico lo resuelve diciendo que "Canarias no es una nación ni una nacionalidad, sino un Archipiélago Atlántico".
"El Paraíso según Adán" está prologado por el Catedrático de la Universidad de La Laguna Antonio Álvarez de la Rosa, quien señala en las páginas iniciales que "si, como nos repiten machaconamente, vivimos empapados de información, si los medios de comunicación ponen a nuestro alcance lo que ocurre aquí, allá y hasta acullá, ¿cómo es posible que solo una minoría esté al tanto de tantos desmanes, desbarajustes y extravíos sociales, económicos y políticos que proliferan en los viñedos de los poderes canarios? En ocasiones, el lector de estas páginas puede llegar a pensar que ambos autores exageran, que ennegrecen demasiado las tintas críticas. A mí, sin embargo y dado el contexto en el que nos movemos, hasta me parece elogiable. Nunca podrán, ni de lejos, equilibrar la balanza informativa con los que detentan el poder. Tras la lectura de este libro he descubierto páginas que me han servido para conocer aspectos del actual ejercicio del poder en el entramado archipielágico. Incluso siendo periódicoadicto como lo soy, ignoraba algunas de las cuestiones comentadas". Asimismo el libro cuenta con un epílogo del Catedrático y Premio Nacional de Economía y Medio Ambiente, Federico Aguilera Klink que entre otros aspectos de interés apunta que "la lectura del libro de Ramón Pérez Almodóvar y José Manuel Castellano Gil me ha enseñado mucho sobre esa economía y esa sociedad canaria que, difícilmente, llega a estudiarse en la Universidad. Por eso tengo que agradecerles que me hayan ayudado a aclarar y ordenar mis ideas sobre la economía y la sociedad de Canarias durante los últimos años. Gracias a ellos he entendido mejor que en Canarias, aunque no sólo aquí, se ha consolidado un tipo de gobierno y de toma de decisiones que se puede calificar como Caciquismo Autonómico. ¿Cuál ha sido el resultado de estos veinticinco años de caciquismo autonómico en Canarias? Lo explican muy bien Ramón Pérez y José Manuel Castellano: convertirse en una sociedad totalmente descohesionada de pocos, nuevos y grandes ricos y de muchos pobres y en la que apenas hay distinción entre empresarios y políticos. Con una distribución de la renta cada vez más desigual, con 400.000 canarios bajo el umbral de la pobreza, según Cáritas, mientras que la riqueza monetaria se ha conseguido a través del engaño sistemático a Madrid y a Bruselas conseguido con la complicidad del Gobierno Autonómico cuyo mensaje fundamental es que hay que persistir en el victimismo y en que la economía va muy mal para así conseguir más fondos, ayudas y subvenciones".
P.D.: en España hay más presidentes autonómicos que han encontrado su paraíso en ese grandísimo invento para los burocrátas que son las autonomías (en realidad, las autonosuyas de cuatro listillos aliados al poder empresarial). La vida puede ser algo maravilloso... si nos dejan.

Democracia y fiestas

A estas alturas, no es ninguna sorpresa que las fiestas tuvieron un origen fundamentalmente religioso, de ahí que estuviesen vinculadas a fenómenos naturales, tales como la trayectoria del sol o las fases de la luna (al menos así fue en las culturas del Próximo Oriente y en las primeras de la virgen Europa). Con posterioridad tuvieron lugar las fiestas civiles, que servían para conmemorar acontecimientos históricos, y que con el tiempo terminaron imponiéndose a las fiestas religiosas. Según la definición del diccionario, la fiesta se caracteriza por una interrupción total o parcial del trabajo y de la actividad cotidiana, y esta interrupción puede estar acompaña de ceremonias públicas y privadas, así como de banquetes/ayunos, desfiles, bailes, discursos, etcétera. Obviamente, si hacemos una encuesta a pie de calle, la gente, en su aplastante mayoría, defenderá el sentido de las fiestas, unos por su implicación directa en la misma y tantos otros por el día de ocio que ello supone. Dado que cada uno es libre para defender lo que le parezca (¡faltaría más!), no vamos a entrar en un ataque personal hacia la ingente cantidad de personas que es feliz sabiendo que siempre existirá un rincón dedicado a las solemnidades al que acudir. Lo cual tampoco nos impide ser críticos con el sentido real de las fiestas, que siempre han sido utilizadas con unos fines determinados, tales como los religiosos de sus inicios o los políticos de hoy día. Aquí, en Canarias, tenemos los Carnavales cada año como agua de mayo, y la gente los recibe sedienta del frenesí que suponen esas noches de borrachera y descontrol. En pocas palabras, de lo que se trata es de tener a la multitud alineada sin hacer ruido, pues ya se sabe que las neuronas, con un cubata en la mano, son menos. Pero estas son fiestas enfocadas sobre todo a la gran urbe y al público joven. Su reverso lo encontramos en las romerías que salpican todos y cada uno de los rincones de las islas, a las que curiosamente se suma siempre la elite política que disfruta del poder, y a la que una masa subdesarrollada (el público mayoritario de estos actos populachos) recibe y aplaude como si de estrellas del rock se tratasen. Un vaso de vino, unas papitas arrugadas y un voto más para las arcas: así funciona el sistema. Con elementos tan sencillos es como los burócratas mantienen el sillón y, por consiguiente, el trapicheo al que todo buen servidor del Estado aspira.

La fiesta de los chivos

Es triste, pero así es: de cada comunidad autónoma siempre se ha tendido a resaltar los defectos o ticts más llamativos y las actitudes más frívolas que imperen en la misma a ojos del resto de los españoles. Aquí en Canarias tenemos, al menos, dos que sobresalen del resto: la consigna del plátano y, más especialmente, el Carnaval, considerada desde hace años la mayor fiesta colectiva que se celebra en Tenerife (mi interés se centrará en éste) y que, como algunos han señalado (no hace falta decir quiénes), “suponen una identificación de tal categoría que hoy no podríamos imaginarnos un Santa Cruz sin un gran Carnaval”. Identificación; no sé si realmente ésa es la palabra adecuada para describir tan magno evento. Quizás todavía fuese válida a principios del siglo XX, en los tiempos de Alfonso XIII, mientras el Carnaval gozaba de su máximo apogeo y se crearon a modo muy familiar las murgas, los disfraces y las cabalgatas (para, de paso, atraer a unos cuantos turistas curiosos) cuando se merecía dicho calificativo. En cambio, respecto a la situación actual, qué quieren que les diga, yo realmente me siento cualquier cosa menos identificado. Incluso, si me apuran un poco, me incomoda bastante, no ya por compadecer a las personas que vivan por los alrededores de la Plaza de España y a duras penas den a vasto con las “movidas” de los fines se semana, para encima tener que digerir cada año el atronador festival de ruido imparable que traen consigo estas fiestas, sino porque suponen un auténtico canto al consumismo de alcohol, drogas y violencia callejera, por no mencionar el proceso de castración intelectual y disciplinario que sufren los más jóvenes y que la España democrática fomenta con inquietante insistencia. Como bien decía Cela, “Los gobiernos, con manifiesta abdicación de sus funciones, agradecen y aplauden y apremian el que la masa se entorpezca aplicadamente para así poder manejarla con mayor facilidad”. Así pues, y como el próximo año tenemos elecciones, todo indica que en estos inminentes Carnavales se tirará la casa por la ventana. (En caso de ser así no se olviden: las gracias hay que dárselas a Zerolo y compañía).
Santa Cruz es una ciudad pequeña en la que, bien que mal, se intenta imitar torpemente los vicios más nocivos del país con el afán de querer estar a la misma altura que otras comunidades. ¿Qué ahora está de moda el botellón? Pues se ejerce con mayor exceso en las fiestas más conocidas, esto es, los Carnavales. Nos mueve, por tanto, el complejo de ser los últimos, la sensación de estar arrinconados: lo malo es que siempre entra pereza en imitar las costumbres más sanas. Además, si alguien piensa que estas fiestas son un reconocimiento a la identidad del Archipiélago anda muy equivocado, pues el concepto que se tiene de ellas en la Península va íntimamente ligado a lo más chabacano e insustancial, y es quizás por eso por lo que son reconocidas y el motivo por el que gente de otros puntos del país llegan hasta aquí con el fin de “olvidarse de los problemas” en medio de un caos de música marchosa, bailarinas esculturales, borrachos de todas las especies, delincuentes y violadores y un largo etcétera. (No es de extrañar, siguiendo con nuestra costumbre de ir por el mal camino, que cada año se acumulen más peleas, intentos de robos y demás atropellos, que fomentan en buena medida el descenso que el turismo más selecto está experimentando en la isla). Pero qué duda cabe de que el público que demanda estos macroencuentros alineantes es terriblemente numeroso, tanto que incluso han atendido sus demandas con la creación de otros pseudofestivales de igual o peor estofa. ¡Qué grata identificación para el pueblo canario! En una ocasión, el cineasta norteamericano Robert Altman sentenció: “Si tratas a la audiencia de tontos, se volverán tontos”. Yo creo que es evidente el trato que reciben aquí. Lo duro es que los jóvenes de hoy, saturados por estos fenómenos anticulturales ante los cuales se niegan a ver la evidencia de sus consecuencias, lo pagarán cuando se conviertan en los adultos del mañana. Más aún cuando existen infinidad de formas de diversión que no desemboquen en el embrutecimiento físico y mental.
P.D.: Esta reflexión fue escrita antes del segundo gran boom llegado desde Latinoamérica: nos referimos, claro está, a la cultura del reggaeton.